La Chica LAN


, estuve con una Chica LAN.

(Queridos seguidores. No quiero aburrirlos con mensajes baratos, pero debo decirles que tomaré un receso en cuanto a mi blog. He tenido muy poco tiempo y no he podido actualizar. Llevo más de un mes si entrar a él. Apenas pueda volver a preocuparme del blog, se los informaré de inmediato. Esto, es para ser sincero con ustedes. No me estoy despidiendo, sólo estoy tomándome un tiempo. Gracias a todos, y sigan recomendando el blog. Ahora, les dejo una historia en extenso. Una de las más raras que he tenido. Espero la disfruten).

Debo decirles que fue una experiencia inesperada e inverosímil. La chica en cuestión tenía 28 años. Nunca en la vida pensé que me follaría a alguien en el edificio de LAN, la empresa de aviones. Fue un día raro, muchas cosas pasaron.

Fue el año pasado. Era la ELECTROFONDA de la USACH. Un magno evento que se realizaría al interior de la Universidad de Santiago. Fui con un grupo de amigos a beber algo de alcohol, reírnos, recordar viejos tiempos, y llorar las penas. Habíamos ido a una botillería llamada "El Cielo", donde venden alcohol al costo. Maravilloso. Llegamos, nos instalamos, abrimos las botellas, brindamos, nos reímos, fumamos, nos reímos, escuchamos la música, encontramos unos papelillos en el suelo, nos reímos, abrimos botellas, brindamos nuevamente, bebimos, charlamos, nos reímos, fumamos, bebimos, y se acabó la fiesta. Estuvo muy buena.

Una amiga, ese mismo día me había invitado a su cumpleaños en un after-hour de la comuna de Recoleta. Le pregunté a dos amigos si me querían acompañar. Accedieron. Volvimos a nuestras casas, luego nos juntamos, y fuimos rumbo al cumpleaños.

Era una calle desolada, muy oscura y sin ningún indicio de vida o sonido que indicara festejo. Miré bien el número en el papel en que lo había anotado, y encontré una puerta, donde había un hombre fumando. Le pregunté si ahí era el cumpleaños. Me dijo que sí, que dentro había un hombre con una lista que confirmaría nuestros nombres. Pasamos. Apenas se abrió la puerta, sonó música electrónica. Fui al mesón y vi a un amigo mío. Lo saludé y le pregunté qué hacía ahí. Me dijo que ese after-hour era suyo. Era el dueño. Me reí y charlamos unos minutos. Me dijo que mi amiga estaba en el otro ambiente. Fui a verla.

Luces azules, rojas, verdes, violetas, amarillas y otros colores que no recuerdo, decoraban el lugar. Música electrónica con mucha gente bailando. Yo buscaba con la mirada a mi amiga. Uno de mis amigos me ofreció un cigarrillo. Lo acepté. Lo encendí, y se me acercó una chica: cabello negro tomado con un cintillo, ojos verdes esmeralda profundos, un metro sesenta de estatura más o menos, sonrisa deseable. Me pidió fuego. Mi amigo se lo prestó. Encendió su cigarrillo. Me preguntó que a quién conocía de los dos cumpleañeros. Le dije que a la chica. Me dijo que la había visto cerca de la barra saludando a algunos invitados. Me excusé y fui a mirar. La encontré. La abracé y le desee un feliz cumpleaños, que cumpliera muchos años más, que cómo iba la universidad, el trabajo, el amor, la vida. Luego la dejé para que la saludaran otras personas.

Volví donde mis amigos y estaban solos. La chica que había pedido fuego estaba bailando con alguien. Les comenté de que era muy guapa. Ellos asintieron. Fuimos a beber una cerveza en el otro ambiente. Charlamos y nos reímos. Les dije que me esperaran un poco, que iría a ver a mi amiga un rato. Fui. La busqué con la mirada y no la encontré. De repente se me acerca la chica del fuego, bailando y mirándome por sobre el hombro. Le sonrío. Se aleja de mí, lentamente, como invitándome a bailar con ella. La seguí.

Comenzamos a bailar electrónica. Trance, específicamente. Comenzamos a hablar mientras seguíamos la música, esquivando el contacto visual directo. Me preguntó que si yo tenía problema con las mujeres mayores. Le dije que no, absolutamente no. Nos decíamos indirectas en todo momento, que insinuaban un deseo sexual casi palpable. Ya eran las cuatro de la mañana. Le dije que mis amigos me estaban esperando para irnos. Ella me dijo que me acompañaría donde yo fuera, y que ella no se separaría de mi hasta que terminara lo que había comenzado. En otras palabras, ella quería mi falo dentro de su sonrisa rosada. Exquisito.

Fui a buscar a mis amigos. Cuando me vieron, se les cayó la cara. No pensaron que yo volvería con ella. Me guiñaron el ojo, me sonrieron, me levantaron el pulgar en señal de éxito. La fémina con la cual me encamaría, o al menos eso pensaba yo, andaba en automóvil. Maravilloso. Nos subimos y nos dirigimos a mi casa.

Una vez estando dentro del auto, algo ocurrió. Como que yo y mis amigos nos despreocupamos del lugar al que íbamos. La chica me pidió la dirección, se la dije, y me desentendí. Ella encendió la radio, colocó un CD de Lucybell, y partió. De pronto, me di cuenta que estábamos en la carretera, siendo que mi casa estaba como a quince minutos del cumpleaños de mi amiga. Le pregunté dónde estábamos. Me dijo que en ciudad industrial, o algo así. Le pregunté por qué estábamos allí. Ella me dijo que sólo manejaba y esperaba órdenes. Le dije que estábamos MUY lejos de mi casa. De repente ella mira su medidor de bencina. Estaba casi vacío y en rojo. Me dijo que paráramos, que quería ir al baño. De pronto, veo que estamos llegando al edificio de LAN CHILE.  

Estábamos MUY lejos de todo, casi sin bencina. Mis amigos sin entender nada. Nos bajamos. Ella actuaba con una naturalidad que espantaba. Como si hiciera eso todas las semanas. Atónitos. Yo no entendía ABSOLUTAMENTE NADA de lo que pasaba. Ella se acercó a un guardia que había en la entrada. Antes de que alcanzara a preguntarle cualquier cosa, él le preguntó: ¿Viene a los cursos? Ella sonrió, y le dijo "sí, venimos a los cursos". El guardia le sonrió y le dijo "por favor, adelante señorita". Ella me miró, pidiéndome que la acompañara. Mis amigos me dijeron que esperarían afuera. La acompañé. Eran las siete y media de la mañana del día domingo. No sabía qué hacía en ese lugar a esa hora.

Entramos. Caminamos por el edificio. Era bello. Al frente de los ascensores habían pinturas originales de Guayasamín. Las luces tenues del edificio hacían ver todo más lindo. Colores cálidos y dorados decoraban los salones. Algunos pasillos de madera, si la memoria no me folla, perdón, falla. Entramos a los cubículos de los oficinistas de LAN. Todos con fotos de sus hijos, recortes, pegatinas. Ella se sentó en uno de los computadores que estaba encendido y comenzó a navegar en internet. Revisó su e-mail y se desconectó.

Seguimos caminado, y pasamos por el lado de un señor de edad, que estaba pasando una aspiradora. Él, ni nos miró. Me pregunté por qué alguien tiene que estar en un edificio que está casi siempre muy limpio, un día domingo a las siete de la mañana. Aún no encontrábamos el baño. Subimos como al cuarto piso, y llegamos. Le dije que no quería pasar al baño, que la esperaba afuera. A esas alturas, mi calentura se había marchado hace varias horas. Quería volver a mi casa y no sabía muy bien dónde estaba.

Saqué un vaso de un dispensador de agua, y lo llené. Bebí hasta la mitad. Escuché la cadena del WC. Salió. Apenas me miró, me dijo que ella tenía una prima que trabajaba en LAN, y que antes había venido un par de veces al edificio, por eso lo conocía un poco. Ahí se aclararon algunas de mis dudas, pero muy pocas. Me dijo que en el piso de más arriba estaba la oficina del jefe. Subimos.

Era una oficina gigante, con un ventanal que apuntaba a un campo de aterrizaje de aviones. Era precioso. Detrás del asiento del jefe, había un telar mapuche gigante con muchos colores. Ella trató de tomar una foto con su teléfono celular. No le quedaba batería. Por lo tanto, apoyó sus codos en el mesón, y comenzó a observarlo detenidamente. Mientras lo miraba, me decía que desde muy niña era capaz de retener en su cerebro el noventa por ciento de lo que veía. Su memoria visual era estúpidamente buena. Luego de mirarlo, y de yo mirar por el ventanal la cordillera y cómo los rayos del sol caían delicadamente en la nieve de sus cimas, se acercó, me tomó la mano, y me besó. Cerramos los ojos. Era una bella situación, y muy romántica por lo demás. Comenzaron a calentarse nuestros cuerpos.

Nos fuimos acercando al mesón de la oficina. Le bajé el pantalón y la senté. Le tocaba los pechos mientras la besaba. Ella desabrochaba mi pantalón. Bajó el cierre, y comenzó a acariciar mi falo. Metí la mano bajo sus generosos pechos, y sentí la erección de estos. La piel de gallina le recorría el cuerpo. Comenzó a besarme el cuello con fuerza, con respiraciones agitadas. Amaba ese momento. Me bajé el pantalón. Bajé mi boxer rojo, y coloqué mi dador de orgasmos donde debía ir. Comencé a sudar como un animal desbocado. Le mordía sutilmente el lóbulo de la oreja izquierda mientras la penetraba. Comenzó a gemir fuertemente. La besé para que el ruido fuera menor. Lo bueno era que los vidrios y la puerta eran gruesos, por tanto aislaban el sonido. Comencé a friccionarla rápidamente. Ya no aguantábamos. Estaba dándole en el lugar indicado. Orgasmo.

Lugar de la eyección: No hubo eyección.

Dejó caer su cabeza sobre mi hombro. Yo recuperaba el aliento. De pronto recordé donde estaba. Estaba en el edificio de LAN CHILE, a las ocho de la mañana de un día domingo, follando en el mesón del jefe. Extraño, inverosímil, absurdo. De pronto comencé a mirar las esquinas del techo. Podía haber cámaras, y yo ni siquiera lo había pensado. Me entró el temor. Le dije que nos fuéramos. Ella me ignoraba. Todavía estaba digiriendo el orgasmo. Le dije que mis amigos me estaban esperando. Accedió. Se subió los pantalones, se arregló el cabello y nos fuimos. Antes, pasó a una máquina a comprarse un alfajor de frambuesa. Me dijo que necesitaba energía y glucosa para estar despierta, ya que tenía que manejar. Le encontré toda la razón. Salimos. Mis amigos, aburridos y casi muriendo, me sonrieron. Nos subimos al auto. Ella, muy concentrada, comenzó el trayecto.

Comenzó a salir olor a bencina del auto. Nos encontrábamos dentro de un túnel. No me importó que el auto pudiera detenerse ahí. Ella me comenzó a hablar de que tenía un sobrino que tenía siete años, y que no hallaba la forma de contarle de que Harry Potter en el último de sus libros moría. Yo algo le respondí, pero ya no recuerdo. Llegamos al Parque Arauco. Le dije que me dejara allí. Que podía tomar una micro y volver a casa con mis amigos. Que no se preocupara. Nos besamos y nos despedimos. Nos subimos a una micro, y partimos el regreso. Mis amigos me pidieron que PORFAVOR les contara qué había pasado al interior de LAN CHILE. Les fui contando en el trayecto. Luego me agradecieron la rara experiencia. Mi rara y orgásmica experiencia.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica LAN se interpuso en su camino:

1- No tema a una mujer que es mayor que usted. Tenga cojones suficientes para abordarla. No es mejor que usted. No sea una niña.
2- Protéjase sexualmente con una mujer mayor (en realidad con cualquiera). Sé que es difícil, pero al menos inténtelo y sepa dónde se está metiendo.
3- Converse con ella lo suficiente como para tomar una buena decisión. Recurrir al estúpido y adolescente argumento de "estaba demasiado borracho" es sólo eso, "estúpido" y "adolescente".
4- No crea que sólo una cama es el lugar indicado para tener sexo. Experimente otros lugares, pero no se arriesgue con lugares que tengan cuatro patas o que estén en el aire, a menos que esté ABSOLUTAMENTE seguro de que no se caerá.
5- Lóbulos, cuello, nuca y sien son buenos lugares para estimular rápidamente a su fémina con los labios. Eso sí, no la babosee completa. Sea sutil, delicado, pero varonil.
6- LAN CHILE es un buen lugar para tener sexo. Se lo recomiendo si es que algún día anda por esos lados.

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La Chica Gringa


, estuve con una Chica Gringa.

(Sé que las excusas no valen para los lectores, pero estas dos últimas semanas he estado atochado de trabajos y trámites de práctica. Ahora retomaré mis narraciones. Mis disculpas a ustedes).

Debo decirles que fue una experiencia entretenida, pero al final algo aburrida. Era muy guapa y más alta que yo, pero era algo monótona. Era de esas típicas gringas que uno ve en Bellavista o en Plaza Italia, que caminan con sobreros gigantes, diccionarios minúsculos con miles de páginas, lentes de sol a lo Paris Hilton y mapas gigantes de Santiago. Precisamente así fue como la conocí.

Estaba en Bellavista con unos amigos de la vida, a punto de sentarnos en una mesa. Un grupo de extranjeros aparentemente estaban conociendo el lugar y no sabían a donde ir. Me acerqué (obviamente) a la más guapa y le pregunté si necesitaba algo. En un español agringado me dijo que con sus amigos estaban conociendo el barrio. Miré el grupo: eran cinco mujeres y tres hombres. Las mujeres decidirían finalmente. Les dije que se sentaran con nosotros, que el lugar era tranquilo y que los tragos eran buenos. Se miraron. Ella propuso la idea. Se sentaron. , soy un embaucador.

Comenzamos a charlar animadamente. Eran como las once y media de la noche. Muy temprano. Pedimos unas cervezas y nos empezamos a conocer. Obviamente me aseguré con el asiento al lado de la fémina con la que deseaba tener sexo más tarde. Todo el grupo se encontraba hablando de clásicas conversaciones con extranjeros: ¿de dónde vienes? ¿hasta cuándo te quedas? ¿dónde vives ahora? ¿estudias, trabajas?. Preguntas superfluas y de cortesía, pero necesarias para romper el hielo.

Ella era de New Jersey, rubia, practicaba básquetbol y también era cheerleader cuando era más pequeña.  Si no entendió, cheerleader significa porrista. Le gustaba el pavo, amaba la Coca-Cola Light, su diseñador favorito era Tom Ford, y odiaba los realityes de Estados Unidos. Aún lo recuerdo. Teníamos el tema del básquetbol en común. Le conté que cuando era más pequeño veía siempre los partidos de la NBA por el cable. Que me gustaban los Angeles Lakers. Que Denis Rodman era un gran rebotero cuando jugaba en los Chicago Bulls. Cosas así.

El litro y medio de cerveza que tenía en mi cuerpo comenzó a hacer efecto. Yo y la gringa estábamos hablando muy cerca. Nadie nos estaba prestando atención. La besé. Todos los de la mesa charlaban animadamente, y estaban algo ebrios. Mi beso fue bien recibido. Se oían unos artesanos tocando música andina muy cerca de nosotros. Los ojos cerrados y las lenguas se rozaban. Nos miramos. Nos reímos. Seguimos charlando con el grupo.

Ya eran las dos de la mañana. Todos contentos. Ese era el momento en el cual debía decirle mis reales intenciones. Lo hice. Me miró, y como que no entendió muy bien. Quizás porque mi modulación no era de las mejores, aunque no lo creo. Le repetí, y sí entendió.     

Nos levantamos de la mesa, y dijimos que iríamos a comprar cigarrillos. A causa de la ebriedad, todos nos creyeron. TODOS. Tomamos un taxi y fuimos a mi casa. Le recité las 6 reglas de la película "El Club de la Pelea" en mi imperfecto inglés, y me abalancé sobre su largo cuerpo.

Mordía el lóbulo de su oreja izquierda. Jugaba con mi aliento. La besaba. La tenía aprisionada con mis piernas, aunque ella era más alta que yo. Medía como unos 185 centímetros, si no más. Sin embargo, su contextura corporal era delgada. Le corrí la sombra de los ojos. También le moví el lápiz labial. Ella me giró y me dejó boca arriba. Me besaba profusamente, y yo a veces no podía respirar. Era gracioso y muy sensual. Besaba mis axilas, y yo me dejaba acariciar. Pasaba su lengua por mis caderas. Tocaba mi pecho con suavidad. Yo acariciaba su espalda con mis pies. Comenzó una frenética felación. No fue muy buena la verdad. A veces me tocaban sus dientes, y eso no me gustaba nada. NADA. Igualmente lo entendía, porque ambos no estábamos óptimos en cuanto a los litros de cerveza ingeridos. Sonó su celular en plena felación. Lo tomó, y lo apagó. Me dijo: "My friends", y siguió con su trabajo. Me dio mucha risa.

Luego levanté mi torso, la pegué a mi cuerpo, y comencé a rozar sus labios inferiores con mi dador de orgasmos. Comenzó a excitarse. No fue fácil lamer sus pies que estaban sobre mis hombros. Tenía las piernas muy largas. MUY largas. Estiré mi brazo para abrir el velador y sacar un condón. Me lo coloqué con algo de dificultad, pero correctamente. Comenzó la fiesta. Estaba sudando como un caballo. Estaba agotado. La giré, y la coloqué de espaldas hacia mi. Hice mi último esfuerzo, mientras estimulaba su rosada felicidad en plenitud. Ya no me quedaba ni una gota más de sudor. Orgasmos.

Lugar de la eyección: En el Durex que llevaba puesto.

Casi me desmayé. Caí rendido al lado de ella. No quise ni siquiera acariciarla. Fue demasiada voluntad y esfuerzo físico el que había hecho. De hecho el sexo fue relativamente corto. Más o menos unos 35 minutos. No daba para más. Me dormí instantáneamente. Desperté al día siguiente con una resaca del demonio. Ella ya estaba despierta, mirando unas fotos que tengo pegadas en el muro. No quería cocinar, ni ir a dejarla inmediatamente al metro. Nos besamos un rato, charlamos superficialidades, y le dije si le parecía que fuéramos a almorzar comida peruana. Le encantó la idea. Nos duchamos, le presté una polera mía, nos vestimos y fuimos a comer. Lo pasé bastante bien en la plática del almuerzo. Disfruté la comida. Luego la fui a dejar al metro, con la promesa de vernos. Tenía mi polera. La vi un par de veces más luego de ese encuentro fugaz. Era linda la gringa. Quizás de las más lindas con las que he estado, pero siento que algo le faltó. Igualmente disfruté mi orgasmo. Y aparentemente ella también.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Gringa se interpuso en su camino:

1- Bébase unos tragos con ella, pero recuerde no emborracharla en exceso. Será perjudicial para ambos.
2- Hable en buen chileno, sea divertido y relajado. No le hable de Bush, Guantánamo o política internacional si lo que busca es sólo tener sexo con ella.
3- No hable sólo con ella, pero sí la mayor parte del tiempo. Así evitará los silencios incómodos.
4- Bese delicadamente la zona púbica de ella. Hágala esperar. Será recompensado. No empiece el mete y saca de inmediato. No sea un gorila idiota.
5- No le tenga miedo a una mujer que es más alta que usted. Ya, usted dirá que no es miedo ... bueno, digamos VERGUENZA. Recuerde que más importante que su estatura es el tamaño de su pene. Si también tiene problemas con eso, más importante es cómo usted usa su lengua.
6- Tenga personalidad. No porque sea norteamericana es superior a usted. Sea varonil en el sexo, maneje usted la situación, pero dé libertades para cambiar los roles. Luego, comente los resultados en este blog.

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El Cuarteto

, estuve en un Cuarteto.


Sé que no lo creerá. Sé que puede parecer inverosímil. Dirá que es ficción y que un cuarteto es algo demasiado viciado para usted. Por favor, créalo. Hay personas en el mundo a las cuales les ocurren este tipo de cosas.

Debo decirles que ha sido la experiencia más EXTRAÑA que he tenido en toda mi vida sexual. Además, no conocía a ninguno de los participantes. Fue una situación fortuita. Absolutamente inusual. No sé cómo más describirlo .... bueno, fue muy placentero, también puedo decir.

Era septiembre u octubre del año pasado, si mal no recuerdo. La Universidad de Santiago de Chile había organizado una actividad masiva en su estadio de fútbol. Iban a tocar bandas como "Sonora de llegar", "Tomo como Rey", y creo que los "Chancho en Piedra". No recuerdo la verdad. Quizás fue hace dos años. Bueno, realmente da lo mismo.

Días antes había hablado con una chica de mi ciudad originaria, Linares, para que nos juntáramos en el evento. Esta niña ya llevaba unas 3 semanas lanzándome indirectas, de que me quería ver, que saliéramos, de que fuéramos al cine. Yo tenía muchas ganas de tener sexo con ella, debo reconocerlo, porque era uno de mis amores cuando estudiaba en la educación media. Años en los que era un niño bueno y virgen.

La susodicha me llamó, me dijo que ningún problema, que nos viéramos allá. Genial. Lo que yo pensaba era cómo me encontraría en un lugar donde hay más de cinco mil personas, y el volumen de la música es idiotamente alto. Obviamente no escucharía mi teléfono celular. Bueno, no le di tantas vueltas, y le dije que OK, que allá nos veríamos.

Luego de beber algunas cervezas, entramos con un grupo de amigos al estadio. Para mi sorpresa, detrás mío iba la niñita linarense, acompañada de su EX. Maldita. Estúpida. Huevona. Cruzamos miradas y se sonrojó. Se hizo la desentendida de su pareja, se acercó y me saludó. Me dijo que era muy lindo verme, que con quién estaba, que dónde iba a estar. Le conteste que andaría "por ahí", y que estaba acompañado de amigotes de la vida. Inmediatamente me alejé, para llevarme algo de la dignidad que me quedaba. Maldita, me destruyó la ilusión, y la muy huevona andaba con su EX. Estúpida insensible. Sí, la odié.

Me sentí un poco angustiado, pero no lo suficiente como para no poder sacarla de mi cabeza. Además, las cervezas y los chistes de los amigos hicieron olvidar rápidamente ese asqueroso encuentro.
Pasaron cerca de cuatro horas, quizás cinco. La música estaba muy buena. Cerraron el show los "Chancho en Piedra". Ovación. Aplausos. La gente comenzó a retirarse del lugar. Apenas se apaga la música, suena mi teléfono.Veo quién llama: la chica linarense. Mi calentura era superior a mi dignidad, así que contesté. Me dijo: "David, ¿dónde estás?, necesito verte ahora. Estoy al lado de la puerta de salida. Ven por favor, te espero" Cortó la llamada. Yo, candente.

Les dije a mis amigos que iba a buscar a la chica a la puerta de salida, que no se preocuparan, que apenas supiera si esta era una simple plática o una noche de sexo ardiente, les avisaría. Caminé, caminé y caminé. Quedaba lejos el portón. Llegué. No la vi donde me dijo que estaba. Comencé a odiarla. Esperé 7 minutos y no aparecía. La llamé a su teléfono. Me cortó. Me llamó ella de vuelta. "David, ¿dónde estás?", "Estoy al lado del portón, donde me dijiste", repliqué. "Ah, dale, yo en tres minutos estoy allá, estoy en los baños químicos, voy al tiro", me dijo. "OK, te espero", le dije, como un completo loser.

Cuando estaba cortando la llamada, una mano se posa sobre mi hombro. Levanto la vista. Una rubia guapa, 170 centímetros, piel blanca, sombra azul en sus ojos del mismo color. Me dice: ¿Oye, te gustaría hacer un cuarteto?. Yo, desencajado. "Esto es una broma", pensaba. Al lado de ella, iba un hombre moreno, un metro ochenta quizás, y una chica de cabello negro ondulado, 160 centímetros más o menos, grandes pechos, buenas caderas. No eran nada del otro mundo, eran estudiantes universitarios del montón. Le dije a la rubia que no podía, que esperaba a una amiga. Me dijo: "No seas fome po'. Ya po', vamos. Mi casa está a quince minutos de acá". Se me subió la sangre a la cabeza, en todo el sentido de la palabra.  Mandé a la mierda a la linarense. ¡Vamos!, les dije, de manera muy irresponsable, ya que no andaba con condones o cosas así. Rogaba que el machote anduviera con algunos. Luego me enteré que ellas tenían. Perfecto.

Fuimos a pie. Quince minutos exactos nos demoramos. Íbamos riéndonos, conociéndonos superfluamente. Llegamos. Me enteré de que las chicas vivían solas en un departamento. Eran sólo amigas, no eran pareja. Juntaron sus dos camas de plaza y media. Maravilloso. Todo era muy extraño para mi. Primerizo. Empezó el ajetreo. Tomé a la rubia. Besos por allá y por acá. Miradas fugaces entre las parejas. Nos excitábamos viendo cómo se tocaba la pareja del lado, y viceversa. Al principio fue difícil acostumbrarme a escuchar gemidos ajenos al lado de mi oído. Rozábamos nuestros cuerpos. Felices. Música de Led Zeppelin y Prince de fondo. Doblemente maravilloso. Pasábamos nuestras lenguas por los cuerpos que estuvieran más próximos. Cabellos enredados. Ocho pupilas dilatadas sobre las camas. Cuatro narices oliendo cuerpos desconocidos. Bocas besando rosadas felicidades y falos bien dispuestos. Música de roces genitales. Hiperventilaciones dobles. Sábanas empapadas de sudor. Diálogos sexualmente graciosos. Cambiábamos de parejas. Los sabores se impregnaban en la lengua. Luces rosadas erectas. Cabellos ajenos en las bocas. Dedos de los pies contraídos. Piernas agarrotadas. Pechos rojos. Párpados vibrantes. Bocas abiertas de placer. ORGASMOS.

Lugar de la eyección: En uno de los condones que regala el Estado.

Terminamos. Quince minutos tirados en la cama. El tipo (que era eyaculador precoz) ofreció cigarrillos. Los aceptamos. Nada de acurrucarse con la respectiva pareja. Había que irse. Nada de vínculos post sexo. Eso me gustó. Fumamos. Nos vestimos. Eran las dos de la mañana. El tipo me palmoteó la espalda, sacó otro cigarrillo y me dijo con una amplia sonrisa: "Buena perro, la hicimos". Yo le dije: "Sí huevón, la hicimos. Cuídate. Chao". Creo que concordaba con él en el contenido, pero la forma en que lo dijo, me pareció la de un púber imbécil. Bueno, creo que también soy un poco así.

Tenía dos mil pesos en mi billetera. Le dije al taxista que me llevara por dos lucas. Aceptó. Llegué a mi casa. Me sentí feliz de haber compartido la experiencia de cuatro orgasmos en una noche. Maravilloso.

Seis humildes recomendaciones si es que un Cuarteto se interpuso en su camino:

1- No sea prejuicioso. Si se le da la oportunidad de hacer un cuarteto, mire a las personas que lo integran. Puede ser un indicador. Si decidió positivamente, no se arrepentirá.
2- Al principio, antes de llegar al lugar del sexo, es difícil imaginarse cómo se reaccionará cuando se esté desnudo con tres personas más. Visualice a su chica más cercana, y déjese llevar. Recuerde que después cambiará de pareja.
3- No sea posesivo con la mujer más linda del cuarteto. Así no funciona. Además, ella puede no querer estar más con usted. Asuma y comprenda en el lugar en que se encuentra.
4- Use condón. Sé que es difícil, pero hágalo. Está con tres personas distintas, de las cuales no conoce sus historiales sexuales. Insisto: hágalo.
5- Si no quiere estar en algún momento con el hombre, no esté. Diga que es heterosexual y todo se solucionará. Ahora, si le viene la curiosidad, experimente nuevas sensaciones, pero protéjase.
6- No tenga miedo de realizar un cuarteto. No se irá al infierno por eso. 


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La Chica Anoréxica

, estuve con una Chica Anoréxica.

(Debo excusarme nuevamente. El fin de semana, cuando prometí actualizar mi blog, tuve una maratón de sexo. Pronto les relataré mi experiencia de más de 6 horas de "saltos con garrocha", levantamiento de "pesas" y salto "largo" y "alto")

Debo decirles que fue una experiencia extrema. Fornicar con alguien enfermo no es trivial. Yo digo enfermo de verdad. Delgadez. Costillas y huesos visibles. Sin embargo, ella trató de satisfacerme sexualmente todo el tiempo. Era como si fuera la última relación sexual que tendría en su vida. Yo sentí que le hacía un favor. Le devolvía la vida. Bueno, les cuento ahora.

El amor platónico que he tenido desde niño, estaba de cumpleaños. Iba a hacer una fiesta masiva con muchos de sus amigos en un conocido local de la calle Manuel Montt. Ella iría con su pololo que, por cierto, es una basura. No entraré en detalles. Bueno, iría a conocer gente y pasarla bien. Había excelentes tragos y Marvin Gaye y PJ Harvey sonaban de fondo. Vi a mi amor platónico. Nos abrazamos, le dije "feliz cumpleaños", me besó el cuello, me sonrió. Yo, deseándola con todo mi cuerpo, pero su novio estaba a pocos metros, con aire de distraído, pero olfateando si su hembra se excedía en lo afectivo. Le dije que le debía el regalo. Me miró caprichosamente y me sonrió. La dejé que regresara a los brazos de su macho disfuncional eréctil. Si, lo odio.

Pasó una hora, y yo daba vueltas en el lugar. No quería hablar de trivialidades con nadie, ya que mi fémina estaba siendo atrapada por ese imbécil que tiene por novio. No aguanté más, estaba enojado, cansado y algo frustrado. Al lado de un ventilador, veo a la chica realmente importante en esta historia: la anoréxica. Era guapa. Su delgadez no era evidente a primera vista, ya que no mostraba partes descubiertas de su cuerpo. Su rostro era algo delgado, pero las luces de la fiesta hacían que las texturas y los colores cambiaran.

La saludé. Le comenté que la fiesta estaba aburrida. Rompí el hielo. Ella sonrió. Le pregunté si quería un poco de mi vodka tónica. Me dijo que no. Que tenía muchas calorías y que por su salud no podía consumir ese tipo de cosas. Le ofrecí un cigarrillo, diciéndole que eso no tenía calorías. Se rió, y lo aceptó. Yo, algo ebrio, la invité a mi casa. Ya eran las dos de la mañana, y no quería seguir viendo al amor de mi vida ser acechada y langueteada por ese idiota. Fue más fácil de lo que pensé. Tomamos un taxi y llegamos a mi departamento.

Fui al baño, limpié mi boca y herramienta sexual, y salí. Ella me esperaba fuera de la puerta, y me abrazó. Yo la tomé de la cintura. Miedo. Su cintura tenía el diámetro de un plato. Le toqué la espalda: columna vertebral absolutamente palpable. Me asusté. Como última prueba, agarré su trasero: huesos. La miré atónito. Me miró como extrañada, como que no entendía el porqué de mi sorpresa: Era anoréxica y aparentemente no se había dado cuenta (y yo tampoco, hasta ese momento). Me besó y me arrojó a la cama. Estaba bastante motivada. Aparentemente hace meses (quizá años) que no tenía sexo. En ese momento, tuve que decidir qué haría: ¿O le digo que me duele el estómago y le pago un taxi para que se vaya, o soy un buen samaritano y ayudo a esa pobre mujer a satisfacer sus deseos carnales? Difícil decisión. Pensé: "Sexo es sexo. Ánimo huevón. Haz algo por la felicidad del mundo". Hice lo que sentí que debía hacer.

No fue fácil. Tuve que colocar toda mi voluntad y arrojar mis prejuicios al tarro de la basura. La tomé de sus delgados antebrazos y la besé. La miraba. Ella rozaba sus esqueléticos brazos por mi espalda. Me daban escalofríos, lo reconozco. Trataba de agarrar sus pechos inexistentes. Era algo triste, pero de igual manera besaba sus luces rosadas. Pasaba mi lengua por sus costillas, y daba la sensación de que estaba atravesando lomos de toro consecutivos. Era una experiencia MUY RARA. De las más raras que he tenido. Su felación fue buena. Nada que decir. Sabía los puntos en los que había que presionar, masajear y lamer. Su boca aparentemente no estaba afectada en lo absoluto por su enfermedad. Maravilloso.

Luego, sus labios inferiores recibieron mi dador de orgasmos. Su trasero chocaba en mis piernas cuando saltaba. En una situación normal, eso hubiera sido el cielo, pero al no tener un trasero con "algo" de grasa, me producía dolor. El constante golpeteo hacía que mis piernas comenzaran a colocarse moradas. Me dolía, pero sabía en lo que me había metido. Debía terminar con esto. Aceleré los saltos, así como aceleré la respiración y los gemidos de ella.

Lugar de la eyección: No hubo eyección.

Durmió abrazada a mi. Estaba feliz. Su pecho y mejillas estaban sonrojadas. Había tenido un bello orgasmo. Yo me sobaba las piernas. Me dolían todavía. Sus huesos habían chocado violentamente en mi cuerpo. Sus raquíticas pantorrillas habían chocado en las mías. Sin embargo, sus huesudas manos habían hecho un buen trabajo. Eso había que destacarlo. Quería que se despertara pronto. Quería que se fuera. Estaba enojado y triste a la vez. Era un sentimiento raro. Apenas abrió los ojos, le dije que debía ir a buscar a mis padres a la Estación de Trenes. Mentiras. Le dije que la agregaría a Facebook para que charláramos. Más mentiras.
La fui a dejar al metro, prometiéndole vernos otro día. Al fin se fue. Pasé a la farmacia, me compré un gel para la hinchazón y dolores musculares. Con malestar y todo, de igual manera no me arrepiento de haber regalado un orgasmo a una anoréxica. Quizás, ella lo necesitaba más que yo. 

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Anoréxica se interpuso en su camino:

1- Medite seriamente su posibilidad de tener sexo con una anoréxica cuando esté desnudo sobre la cama, mirándola. No vaya a ser que luego se arrepienta y sienta culpabilidad de ello.
2- Si su respuesta fue , sea tierno con ella. Dígale que es linda, que es deseable. Miéntale un poco.
3- Si su filantropía es más grande que su pene, dígale que es anoréxica, que tiene un problema y que debe ir al médico. Si no es así, dele el mejor orgasmo que pueda ofrecer.
4- Frote su órgano viril por las costillas de su delgada fémina. Puede que despierte alguna fantasía.
5- No porque sea enfermízamente delgada no puede ofrecerle un gran orgasmo. Todo depende de cuán fuerte sea su conexión con ella.
6- Su integridad física está primero. Si ella genera malestar físico en usted, dígaselo para que cambien de estrategia. Si quiere continuar, recuerde tener medicamentos para dolores musculares en su botiquín.

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La Chica Francesa


, estuve con una Chica Francesa.

(Antes de contarles cualquier cosa, debo excusarme por haber dejado unos días de lado este blog. La clasificación de Chile al mundial de Sudáfrica 2010 fue demasiado para mí. Y también ocurrió algo ese día, que más adelante comentaré).

Debo decirles que fue una experiencia creativa. No opinaré sobre aquellas afirmaciones de que "las francesas no se depilan". Puedo decirle que eso es lo que menos importa cuando se está saltando de felicidad. Yo creí que era mentira todo eso de que las francesas eran unas diosas del sexo, que sus felaciones son las mejores del mundo, o que eran el triple de apasionadas que las mujeres de otros países. Debo decir que son muy buenas, pero tampoco son las mejores. Conozco chilenas calladitas que se convierten en verdaderos huracanes de placer cuando se les estimula.

A la franchuta la conocí el año pasado. Era la amiga de una amiga de una amiga de una compañera de intercambio francesa que estuvo en mi universidad. Nos conocimos (como varias veces antes me ha pasado) en una fiesta de estudiantes extranjeros. Ésta se organizaba en la casa de un chileno que había hecho una fiesta temática. El tema era: ropa interior. Esto involucraba que de la cintura para abajo, los hombres debían andar con boxers o calzoncillos, y las mujeres, con calzones, bikini o colaless. Maravilloso. Vaya que hots los organizadores. Doblemente maravilloso.

El alcohol abundaba, la música embobaba y los excesos comenzaban a presentarse. Sugestivos bailes, roces para nada casuales y miradas fugaces llenas de deseo circulaban constantemente. Era una verdadera orgía romana. De aquellas que no se ven muchas veces. Los cuerpos jóvenes estaban deseosos de sexo casual. Había que satisfacerlos lo antes posible.

Hice contacto con una participante de la fiesta. Cabello azabache, mejillas sonrojadas y salientes, labios rojos y carnosos, piel muy blanca. Ojos profundos, sombra negra sobre ellos, uñas perfectamente pintadas del mismo color y un pequeño colaless rojo. Absolutamente deseable. Amaba al organizador de la fiesta, por tan brillante idea de realizar ese evento. Me acerqué a ella, y me sonrió mientras bailaba y me miraba de costado. Me quitaba la vista, giraba, y volvía a sostener mis ojos. Maldita. Preciosa. Sexual. Le pregunté a su amiga si no le incomodaba que bailara con ella. Con un notorio acento francés, me dijo que no había problema, y le guiñó el ojo a mi potencial víctima. Se rieron. Comenzamos a seducirnos.

Bailábamos electrónica. Me colocaba tras ella y recorría su abdomen con mis manos, mientras ella levantaba los brazos al compás de Satoshi Tomiie. La fiesta se había convertido en un verdadero bacanal. Cuerpos sudados deseándose. Locura generalizada. Recién eran las dos y media de la mañana. Fuimos a su departamento, que estaba a dos cuadras de la fiesta. Con la bandera de Francia colgada en su closet, comenzamos a cantar la Marsellesa con nuestros cuerpos.

Nos contorsionábamos y nos besábamos. Fui un afortunado receptor de un beso francés bien desarrollado. Con juego de alientos, contacto sutil de lenguas cada vez agudizándose más. Preámbulo exquisito, excitación, deseo. Sabíamos que en unos meses más, no nos veríamos. Quizás nunca más. Eso lo hacía aún mejor. Compartir un orgasmo con un total desconocido debe ser una de las mejores cosas que pueden ocurrir. El olvidar tus prejuicios y mostrarte sin miedos ni restricciones es una de las cosas más bellas de la vida. La francesa comenzó a bajar por mis piernas, hasta que comenzó una perfecta felación. Era una maestra. Una verdadera francesa, en todo el sentido de la palabra. Se escuchaban gemidos de otra mujer en la habitación del lado. Nos miramos. Nos reímos. Luego, yo realicé el abecedario sobre su rosada felicidad. La letra "C" era su favorita. Supongo que sabe a lo que me refiero. Luego, el "misionero" y la "flor de loto", fueron el cielo. Las venas que se veían en su pálida piel se hinchaban. Era un bello orgasmo.

Lugar de la eyección: En uno de los condones que regala el Estado.

Mis ojos abiertos a las 9 de la mañana. Ella dormía sobre mi pecho. Sábanas húmedas. Cabellos sobre mi brazo izquierdo. Era realmente bella. Lentamente tomé sus brazos y los dejé a un costado. Traté de moverme sin que ella despertara. Lo logré. Fui a la cocina. Había alguien que roncaba en una habitación lateral. Aparentemente había sido una noche multiorgásmica dentro de esa casa. Bebí un vaso de agua, me coloqué las zapatillas (y toda la otra ropa que estaba en el suelo), y me fui. Reconozco que nos volvimos a ver unas cuatro veces más, luego de esa sesión. La fui a dejar al aeropuerto en diciembre. Fui el mejor con ella. Aún hablamos, nos escribimos postales de vez en cuando. Amaría que volviera en 5 años más, y tuviéramos una sesión de sexo casual apasionada. Insisto, es de las mejores cosas de la vida.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Francesa se interpuso en su camino:

1- No se ría de su acento francés. No sea estúpido, por muy graciosa que pueda parecer su pronunciación.
2- Téngase confianza. No porque usted sea negro, chico y peludo, no puede ligarse una francesa. Es una cosa de actitud.
3- No porque sea francesa va a ser necesariamente una diosa en la cama. Observe paulatinamente su comportamiento y vaya sacando conclusiones.
4- NUNCA obligue a una mujer a que le haga sexo oral. Si lo hace, merece ser castrado. Pregunte. Si la respuesta es negativa, busque otras formas.
5- El acariciar los pechos de una mujer por sobre la ropa, es una buena forma de generar deseo y hacer un exquisito preámbulo.
6- No llore luego del sexo. Es verdad, quizás no la vea nunca más, pero no sea niño. Sólo disfrute y agradezca el haber compartido un bello encuentro sexual.
7- Consejo Bonus Track: La francesa no olía mal. Siempre dicen que los franceses tienen mal olor y cosas así. Como en todos lados, hay personas que se duchan y otras que no. Así de simple.


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La Chica Oriental


, estuve con una Chica Oriental.

Debo decirles que fue una experiencia algo sadomaso. Sadomasoquista. Con algunos golpes, chorreo de velas y cosas así. Fue raro. Nunca había hecho cosas así, al menos en el sexo.

Era oriental de verdad: piel amarilla, padres taiwaneses y hablaba el español de forma regular. De repente decía los verbos en infinitivo y cosas así. Bueno, no me importaba mucho eso, ya que yo quería verla haciendo otras cosas con su lengua. También, pude comprobar esos mitos que rondan alrededor de las orientales: que huelen a salsa de soya, que sus rosadas felicidades son pequeñas, y que casi no tienen pechos. Bueno, yo hablaré por lo que rocé, toqué y vi.

Ella era de Taiwán. Venía de intercambio, y estaba estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Chile. La conocí en una fiesta para estudiantes de intercambio, a la cual una amiga austriaca me había invitado. Era el cumpleaños de la amiga de una amiga de ella. Era una fiesta bastante buena, en la azotea de un edificio, con Rihanna, Lenny Kravitz y Michael Jackson sonando de fondo. Eran cerca de la una de la mañana, cuando ya habían como 50 personas algo ebrias bailando como si nadie los mirara.

Yo charlaba con unos gringos, cuando mi amiga me presenta a la chica sadomaso: Un metro sesenta de estatura aproximadamente, ojos muy rasgados, cabellera larga negra teñida de violeta en las puntas, pantalones apretados de cuero, chaqueta blanca del mismo material y zapatos de tacón blancos. ¡Uf!. Tremenda mujer. Guapísima, con actitud. Nos saludamos, preguntamos nuestros nombres al mismo tiempo, nos reímos. Seducción pura. La retuve con preguntas obvias, como: ¿De qué país vienes?, ¿En qué universidad estudias?, ¿Dónde están tus puntos G? ... jajajaja!!!! ... no, nunca tanta confianza.

Ambos bebíamos vodka. La cumpleañera (que finalmente nunca supe quién era) había comprado ABSOLUT para los comensales. Fue maravilloso. Cuando vi que uno de los gringos con los cuales charlaba anteriormente flirteaba con la taiwanesa, la invité a bailar. No iba a permitir que una mujer de ese calibre se escapara de mi falo. Bailamos, bebimos, fumamos, reímos, nos tocamos, nos miramos, seguimos bailando, nos besamos, nos miramos, nos fuimos. Ya el preámbulo estaba hecho. La danza del apareamiento ya había sido realizada. Ahora quedaba sacarle los sostenes y recorrer su espalda con mi lengua.

Desabotoné su chaqueta y la arrojé a un costado de la cama. Agarró firmemente mi cabeza con sus dos manos y comenzó a besarme. Yo tocaba sus pechos por sobre la polera que llevaba puesta. Hacía circunferencias sobre su ombligo con mi dedo anular. Ella me volteó y yo quedé bajo su cuerpo. Se sacó el sostén, y me quedó mirando. Metió su mano en el bolsillo de atrás de sus pantalones y sacó un encendedor. Giró dos veces la ruedilla, y prendió una llama. Yo no entendía en lo absoluto lo que pasaba. Quizás era un ritual que se hacía frecuentemente en Taiwán antes del sexo, pero yo no lo conocía. Se guardó el encendedor, se sacó los pantalones ajustados y buscó algo en su cartera. Yo, desnudo e inmóvil, sólo observaba lo que hacía esta mujer.

Sacó el cinturón negro de sus pantalones, y me amarró las muñecas. Yo lo encontraba sexy, pero tenía algo de desconfianza. De pronto descubrí qué es lo que había sacado de su cartera: Una vela. Sí, una vela. No un cirio. Una vela de esas con las que se queman los aceites aromáticos. Una vela plana y pequeña. Yo ya advertía para donde iba todo esto. Prende la vela, espera que ésta se consuma un poco y deja caer algo del líquido en mi abdomen. ¡Uf!. No estaba nada mal. Era aguantable. Una sensación que no experimentaba desde que se me chorreaba la esperma de la vela sobre la mano en algún Vía Crucis, cuando era un virgen y buen niño. Vaya vueltas de la vida.

Chorreó cuatros veces ese líquido, y luego yo seis veces a ella. Me sujetó de la espalda y me arañó un poco. Lo dejé pasar. Agarró su cinturón y me golpeaba el trasero y la espalda. Yo decía: ¿Qué le pasa a esta huevona? entre dientes. Ella estaba feliz y con cara de extasiada. Yo, boca abajo sobre la cama, mientras ella estaba sentada sobre mí. Luego la golpeé yo, y reconozco que era muy excitante. Gemía, se tomaba el pelo y lo dejaba caer sobre su rostro. Lancé lejos aquel nuevo amigo que había hecho (el cinturón), y probé sus apretados labios inferiores. Muy rosados y delgados. Apreté los dientes, ella mirándome hacia atrás, y todo fue felicidad.

Lugar de la eyección: Dentro del LifeStyles que llevaba puesto.

Esa noche no pude dormir. La espalda me ardía producto de los rasguños y los golpes del cinturón. Creo que se le había pasado un poco la mano. Bueno, yo acepté sufrir el rigor de esa chica sadomaso. Me levanté, y la dejé durmiendo. No quise ir a ver mi cuerpo al espejo del baño. Quizás cuántos moretones tenía. Sólo rogaba que no me quedaran cicatrices. Debo reconocer que después la volví a ver en dos fiestas más, a las cuales me invitaba mi amiga. Volví a tener sexo con ella, a pesar de las secuelas. Lo bueno es que no quedaron marcas. Era sólo pasíón del momento. ¡Ah!, olvidaba decirles: Ella no olía a salsa de soya

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Oriental se interpuso en su camino:

1- Observe cómo se viste ella. Puede decirle mucho de su personalidad. Yo la vi enfundada completamente en cuero, y no se me pasó por la cabeza lo sadomasoquista que podía ser.
2- Como siempre digo: Háblele a su pareja en chileno, no en un español de España o en lenguaje carcelario.
3- No la emborrache. Ella hablaba un chino muy extraño a veces. Imagínela hablando con mucho alcohol en el cuerpo. No es una buena idea.
4- Aunque ella no tenga grandes pechos o un gran trasero, explore cómo remediar ese problema. No importa la cantidad, sino cómo usa su cuerpo.
5- No le hable de Taiwán como si realmente conociera sobre ese país. Quedará como un idiota. De hecho, casi nadie sabe algo sobre Taiwán, y eso ella lo sabe. Usted no es el primer chileno al cual ella conoce.
6- No le diga que es CHINA. No sea estúpido. No todos los orientales son de China. 


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La Chica Modelo

, estuve con una Chica Modelo.

A ver, cuando digo modelo, me refiero sólo al ámbito corporal, ya que era una estúpida. Aunque suene fuerte. Era guapa y todo eso, pero no entendía cuando le decía nombres como "Jimmy Hendrix", o "Gabriel García Márquez". Huevona. Me excuso inmediatamente, si usted tampoco conoce esos nombres.

Debo decirles que fue una experiencia fome. Fome, pero placentera visualmente hablando. Ver a una blonda caucásica de cuerpo perfecto hacer una felación, no se ve todos los días. Seamos sinceros. Las circunstancias de mi encuentro con ella, fueron raras. Y por poco ni siquiera nos conocemos.

Mi padre y mi madre venían a visitar a mis hermanos, e iban a aprovechar de ir al salón del automóvil que se hacía en Santiago ese fin de semana. Me invitaron, pero tenía dos pruebas el día lunes. Ya no recuerdo de qué, pero estaba algo atrasado con el estudio. Sábado, 12:30, llega un e-mail a mi bandeja de entrada: La prueba se suspende por viaje a Argentina de la profesora. Maravilloso. Podría ver aquellos orgásmicos vehículos, al lado de orgásmicas modelos.

Partimos al evento. Lamborghinis, Mercedes, Audis. Autos preciosos, brillantes, simétricos. Caminar por ese lugar era un placer. Autos de estratosféricos precios, reflejados en los ojos de personas que nunca los podrían comprar. Sin embargo, la gente circulaba feliz, y eso mitigaba mi incomodidad. Cuando me detuve al frente de un Lamborghini azul, una larga silueta lo acompañaba al lado: rubia natural, largas piernas, un traje azul apretado de una pieza, piel muy blanca, ojos azules hipnotizadores. Sonrisa amplia y sexy. Maestra.

Nunca he tenido ese miedo que a los machos tanto los incomoda: Acercarse a una modelo que se encuentra trabajando. Creen que los rechazarán públicamente apenas los vean. Perdedores. Si lo rechazan, lo rechazan. Habría el doble de orgasmos en el mundo si es que los hombres tuvieran más actitud. Bueno, me acerqué y le comencé a preguntar algunas cosas del auto, aprovechando de flirtear un poco. Había feedback, y eso me encantaba. Sonreíamos. A veces habían risas algo avergonzadas de parte de ella. La tarea se estaba cumpliendo. Finalmente, había que dar el paso, y le pregunté su número de teléfono. Me lo dio. Maravilloso.

Pasaron algunas semanas, donde hablamos y nos conocimos. Nos conocimos escasamente, de igual manera. No quería generar un lazo sentimental con ella. En lo absoluto. Hablábamos cosas superfluas, como de "Charlie Brown", y "Stefan Kramer". Temas que en un comienzo son buenos para conversas, pero con ella era lo único de lo que podíamos charlar. No daba para más. No podía hablarle cosas muy difíciles, porque simplemente no entendía. Se quedaba en silencio, y con una sonrisa en la cara. Ya no aguantaba más su estupidez. Mal que mal, sólo quería verla revolcarse. Fuimos a su casa, más precisamente a su habitación. Una habitación empapelada de imágenes de modelos y zapatos de taco alto. Nos pusimos en acción.

Fue un hueveo sacar su cinturón. Era un modelo exclusivo de no sé donde, que se abría de lado. Luego de aquello, todo fue lamer luces rosadas y acariciar lenguas. Lanzar sus pantalones a los pies de mi cama, fue el paraíso. Ver ese cuerpo casi perfecto fue sorprendente. Hecho a mano. Deseable, maravillosa, inolvidable. Ver su cabellera enredada en mis orejas fue escuchar una obra de Robert Schumann. Claro que no podía decírselo, porque no entendería, y no apreciaría mi piropo.

Por lo general, me gusta hablarles a mis parejas ocasionales mientras tenemos sexo. Es entretenido, atractivo, placentero y enciende deseos. Pero esta niña era una muda. No sé si le daba miedo, no entendía o estaba demasiado excitada como para escuchar. Finalmente opté por no decirle nada.

Se contorneaba, pero era bastante básica. La posición del misionero todo el tiempo. Chillaba como una loca, pero yo estaba muy aburrido, la verdad. Igual ella era excitante y todo eso, pero sólo físicamente. Igualmente la olía, pasaba mi lengua por sus piernas y sus pies. Besaba sus hombros y mentón. Jugábamos, pero yo seguía aburrido. Me comenzó a hacer una felación, pero no sabía. Apretaba demasiado. Ya no estaba excitado. Nuevamente posición del misionero a medias. Comencé a imaginar que estaba con otra mujer, para excitarme nuevamente. Nada. Esperé que ella tuviera un orgasmo. Terminamos.

Lugar de la eyección: no hubo.

Para que vea que no todas mis relaciones son entretenidas. Me han tocado mujeres muy fomes. Mujeres que aparte de sus cuerpos, no son nada más que eso. Insisto, aunque suene fuerte. Por cierto, con este juicio no estoy generalizando. Esa es la que me tocó a mi. Mala suerte.

Muchas de estas mujeres no saben dar orgasmos, no saben por donde pasar sus lenguas para hacer tiritar a un hombre. Bueno, tomé mis cosas y me fui. Así nomás, me fui. Quedé con un sabor amargo. Quizás tenía demasiadas expectativas, pero me fui algo frustrado. Sentir el roce de su rosada felicidad en mi falo no fue suficiente. No me hizo ni sudar. Sí, esto es lo que usted cree, una historia de frustración.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Modelo se interpuso en su camino:

1- No todas las modelos son iguales, aunque parezca obvio, pero convénzase. No todas son unas diosas del sexo sólo por ser modelos.
2- Un cuerpo casi perfecto no le asegura en lo absoluto un orgasmo.
3- En la primera cita advierta si es una estúpida o una persona normal. Lo agradecerá después. La estupidez puede llegar a afectar incluso la relación sexual, créame.
4- Aproveche ese cuerpo que tiene al frente. No lo desperdicie, ya que no verá uno así muy seguido. Pase su lengua por donde usted estime conveniente.
5- Hable en el sexo. Comuníquese para saber lo que su pareja y usted quiere. Es muy aburrido fornicar con una estatua. Si no hablan, que sea porque están teniendo un orgasmo.
6- , la de la foto es la chica en cuestión. Puse la foto porque ella se fue para Suecia, y difícilmente la volveré a ver.


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La Chica Gorda

, estuve con una Chica Gorda.


No obesa, pero casi. No me malinterprete, no quiero ser ofensivo con ese término.
No tengo problemas con las chicas a las cuales les dicen "rellenitas". Hay chicas que creen que por ser flacas son sexys y más aptas para recibir un falo masculino. Ilusas. Pobres niñitas. No saben dar ni un orgasmo decente. Muchas de ellas son fomes y frías como una puerta. Las gorditas saben absolutamente bien cuál es su condición física, por tanto lo dejan todo en la cacha ... digo, perdón, en la cancha.

Debo decirles que fue una experiencia GRANDE. Grande en el sentido físico, en el sentido del roce. En el sentido más puramente animal. De crispamiento de piel. De eso que nos gusta.

La verdad la conocí de manera muy rancia. No fue una circunstancia mágica o de película, más bien fue una cuestión muy terrenal. Fue en una fiesta que un amigo había organizado en su casa. Una fiesta de no más de 7 u 8 personas. Se lo aclaro por si se estaba imaginando algo con música electrónica en la azotea de un edificio. No. Era una junta pequeña, con música de "Maroon Five" y "Aerosmith" de fondo, y que se aventuraba a ser muy rancia.

Llegó la polola de uno de mis amigos. Venía acompañada con su prima y una amiga de la universidad. Justamente esta última sería mi víctima de la noche, mejor dicho, yo sería su víctima.

Nos sentamos en círculo en el suelo y nos pusimos a charlar, a ver videos, a hacer juegos con alcohol. El juego se llamaba "El alemán". He sabido que en otros lugares se llama "El siete de pica", o algo así. Se supone que cada carta del naipe inglés tiene un significado, que se traduce en acciones en las que se debe beber. A veces el vaso entero, sorbos, o esperar alguna instrucción a lo largo del juego que te obligue a beber. Una vez que el juego comienza NADIE puede ir al baño, excepto si tiene una carta de "8" en su poder. Bueno, así se desarrollaba el juego, cuando el ron comenzó a hacer su efecto en mis conexiones neuronales.

Cruzábamos miradas hace rato. Ella guapa, muy bien vestida, con actitud, graciosa, una sonrisa envidiable. Me levanté de mi puesto, fui a buscar un hielo algo derretido y me senté al lado de esta "fat-diva". Jugamos un rato, nos reíamos. Ya me encontraba tenso. La deseaba. Nos entendimos sólo con mirarnos. Ella dijo que iba a dormir, que estaba cansada. Yo dije que iba a orinar. Nos metimos en una pieza, y sobre una cama deshecha comenzamos a saltar.

Vaya habilidades manuales que tenía. A veces no eyectar es una de las cosas más difíciles del mundo, y hay que colocar toda la voluntad que se tenga para aguantar. Lo bueno es que el alcohol había hecho su efecto y me relajaba. Deslizaba mi órgano viril por entre sus pliegues. Me agarraba de la acumulación de lípidos laterales de su cintura e ingresaba en ella. Sus flácidos brazos se movían al tiempo que movía mi pelvis hacia adelante y hacia atrás. Se colocó la almohada en la boca para no hacer ruidos estruendosos. Yo le dije que me importaba un carajo que todo el mundo escuchara sus gemidos. Si quería que sonaran, que lo hiciera. Se desabrochó el sostén y me lo colocó en la cabeza. Me quedaron como unas lindas orejitas de mapache. Más bien, de Cocker Spaniel. La volteé con gran esfuerzo, la tomé de su cabellera castaña y comencé con ingresos lentos y profundos. Sus grandes pechos se balanceaban. Rico. El roce era máximo. No aguanté más.

Lugar de la eyección: LifeStyles que llevaba puesto.

9 de la mañana. Sábado. Caña, resaca o como quiera llamarle. Lo cierto es que era del demonio.
Yo arrinconado en una cama de plaza y media. En la cama de al lado, otra pareja. Todos durmiendo. Me levanté, como siempre silenciosamente, y me fui a mirar al baño. Creo que me gusta mirarme cuando tengo resaca. Pupilas dilatadas y el rostro ceniciento. Sonreí.

En el living habían cuatro personas tiradas en el piso durmiendo. Me pareció gracioso. Había un vómito en la baranda de la terraza. Me pareció más gracioso. Estaba cerca del metro Pedro de Valdivia, así que me fui rápido. Una ducha en mi casa, un té con miel y unas tostadas serían óptimas para pasar la caña que me dejó aquella sesión de sexo casual con la gordis.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Gorda se interpuso en su camino:

1- Por NINGUN MOTIVO ocupe los apelativos de chancha, morsa, ballena o aquellos adolescentes sobrenombres. Llámela por su nombre, no sea un pobre idiota maleducado.
2- No tema a que se rían de usted porque se metió con una chica gorda. Los que dicen eso no saben lo que se pierden. Recuerde: su pene no discrimina entre flaqueza y gordura.
3- No tenga el prejuicio de que las gordas son sebosas, sudadas o cosas así. No sea huevón, esos argumentos son sólo huevadas.
4- Ocupe los pliegues del cuerpo de ella para rozar sus partes nobles. Eso una chica delgada NO puede otorgarlo. Así de simple. Una mujer con más kilos puede ofrecer muchos lugares para fantasear.
5- Los pezones de ella son más amplios. Disfrútelos.
6- No aparente ser un físicoculturista. Si intenta hacer posiciones complicadas o levantarla con los brazos, y es usted débil, puede terminar con un esguince o con una contractura en la espalda. No sea idiota, y sea clásico si es necesario.

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La Chica Cuarentona

, estuve con una Chica Cuarentona.


Debo decirles que fue una experiencia grande. Grande. Mucha. Experiencia en todo el sentido de la palabra. Cuarenta años no pasan derrepente. No es trivial ingresar a una mujer que te dobla en edad.

A fines del año pasado tenía una seudo cita con una chica que estaba conociendo. Habíamos quedado de juntarnos en un restaurant-bar que había en la calle Lastarria, a las once de la noche de un sábado. Llegué cinco minutos antes de la hora indicada. La esperé en la entrada. Pasaron quince minutos y no llegaba. Decidí entrar.

El restaurant era una gran casona, ornamentado con pinturas realistas, muebles de los '50 y lámparas repletas de cristales. Clásico, Bello. Ya habían pasado 45 minutos. La llamaba, no contestaba. Su teléfono celular estaba apagado. Compré una botella de vino. Era un carménère. Destapé la botella, miré el corcho, observé el color, aroma y piernas del vino. Bebí un sorbo.
Ya estaba algo frustrado. Me habían dejado aparentemente plantado. Lo peor.

A tres mesas de la mía, unos bucles pelirrojos me emborracharon antes que el vino. Era como de película. Recordé "El graduado", con la eterna Anne Bancroft. Unas medias negras enfundaban sus largas piernas. Un traje negro con delgadas y casi imperceptibles líneas grises cubrían su bien formado cuerpo. Sombra en los ojos. Labios carmín. Había un detalle: No era una niñita. Su rostro era el de una verdadera mujer. Años llevaba repartiendo orgasmos en este mundo. A primera vista le calculé unos 37, 38 años.

Ya llevaba más de una hora esperando a la otra mujercita traidora, que debió asustarse como una niñita. Quizás pensó que me la fornicaría apenas la viera, y lo pensó bien, porque eso es lo que hubiera hecho. Esas son las mujeres que nunca alcanzan un buen orgasmo. Porque son temerosas y tienen miedo a que juegue con mi lengua en sus rosadas felicidades. Siempre he dicho: "Las niñas consiguen niños, las mujeres consiguen hombres". Bueno, vuelvo a lo que importa, a esa deseable y madura mujer.

Ya me la devoraba con la mirada, y no lo ocultaba, al contrario, lo evidenciaba. La imaginaba dándome de beber desde su boca. Estaba sola. Para mí, ya era una noche perdida. Estaba plantado, emborrachándome lentamente. No tenía nada que perder si me acercaba, si la acompañaba, si la escuchaba, si la amaba un poco. Mi pene es más grande que mi moral, por lo tanto, me levanté de la mesa.

Le pregunté si podía acompañarla. Me miró seria, pero misteriosa. Asintió con la cabeza. Me sentí como un esclavo recibiendo órdenes de mi ama, de mi señora, pero siempre recordando que ella antes de ser una mujer mayor, es primeramente una mujer como todas las otras. Comencé con clásicas preguntas para romper el hielo, siempre afable, simpático, y encantador. Le ofrecí mi mercadería por 30 minutos. Quería que pasara a la etapa de la degustación de mis productos. Aceptó probar. Fuimos a su departamento en un taxi. Tobalaba. Departamento 2010. Lámparas Elisabeth Glase al lado de su cama. Sexo intenso.

Oler su cuerpo fue excitante. Lamer las luces de su busto fue el cielo. Ser irrespetuoso en su rosada felicidad fue el paraíso. Hacer el abecedario completo entre sus piernas fue hacerla ver la luz al final del camino. La letra V la hacía enroscarse y apretar mi cabeza con sus manos. Era tan deseable esa mujer. Mirar sus tenues arrugas producto de la edad, era surcar un valle constante. No podía no excitarme con su expresión corporal. Cómo se movía, la delicadeza cuando hacía una felación a un joven, cómo lamía mis tetillas, cómo se le colocaba la piel de gallina cuando soplaba suavemente bajo su mentón. Me quedé sin palabras. Tenía una excelente resistencia. Disfrutamos un orgasmo juntos. Ella quizá dos.

Lugar de la eyección: pechos.

Domingo en la mañana. Desperté. Estaba sólo en la cama. Me toqué el lado de mis costillas. Quizás me habían robado un órgano o algo así. Se despertó primero que yo. Escuché que el agua de la ducha corría. Me levanté sigilosamente. Hurgué en su cartera para saber qué edad tenía. 41 añitos en el cuerpo. Me vestí, y me dirigí hacia la puerta para irme rápidamente. Sé que ella no se entristecería o me extrañaría. Cuando iba a abrir la puerta, se escucha desde el otro lado una llave. Quedé helado. Entra un joven, más o menos de mi edad. Tenía el mismo rostro de ella. Me mira y queda desconcertado, al igual que yo. Antes que me preguntara quién era, le dije que me despidiera de su madre, que estaba en el baño duchándose. Bajé la cabeza y me fui rápidamente.

Tomé el metro en la estación Tobalaba. En el trayecto de vuelta a mi casa, me reía. En mi aburrida vida (al menos eso es lo que yo pienso, comparada con la de los domadores de leones, los aviadores o los investigadores privados) había pasado algo inusual. Me pasó algo parecido a lo que uno ve el las películas. Fue entretenido. Para contarlo. Espero que ocurra otra vez. Quedé con ganas de más orgasmos maduros.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Cuarentona se interpuso en su camino:

1- Algo básico: NUNCA le diga vieja. No sea un estúpido insensible.
2- Otra cosa básica: Siempre use condón. No sabe cuántas parejas ocasionales puede tener ella. Usted quizás no es ni el primero ni el último en su vida.
3- Si conoce a una mujer cuarentona en otras circunstancias, como en una discotheque, no baile reggaetón o cumbia con ella. Charle, baile salsa y ofrézcale un trago si la música no le gusta. Y bueno, baile salsa sólo si sabe, si no, siéntese.
4- Si quiere darse valor para hablarle, beba vodka o un buen vino. No beba tragos pasosos, que le dejen mal olor.
5- No tenga miedo de bailar sobre esa experimentada pista de baile. Como siempre le digo, explore. Toque y bese sus arrugas, pero no se las haga notar. Juegue con ella, en el fondo a todos nos gusta jugar cuando queremos tener un gran orgasmo.
6- La experticia sexual de ella, puede hacerlo eyectar rápidamente. Controle sus fluidos corporales, presione delicadamente su perineo y aguantará unos minutos más si es que usted es de los que termina rápido.

Si quiere más recomendaciones, o tiene otros consejos para este perfil de chica, no dude en postearlos.

 

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La Chica Nadadora

, estuve con una Chica Nadadora.


Debo decirles que fue una experiencia asombrosa. Asombrosa por la capacidad física que tenía esta niñita. No era nadadora de recreativo o que le gustaba el agua nomás, era nadadora de verdad. Entrenaba natación por la selección de mi universidad.

El año recién pasado, como en el mes de abril la conocí. Fuí a la Piscina Temperada que hay en mi universidad, a tomar un taller de "acondicionamiento físico con natación". Me había surgido el imperativo de ponerme más o menos en forma, aunque con algo de pereza. Tenía un horario relativamente flexible, y podía darme el gusto de liberar algo de adrenalina con algo que no fuera el sexo. Me inscribí y comencé a ir tres veces por semana.

Luego de mi taller, venía a entrenar la selección femenina y masculina de natación de la universidad. Uno de esos días me quedé hasta un poco más tarde, a contemplar aquellos sinuosos cuerpos femeninos que se deslizaban en el agua. Ya saben como son los cuerpos de las nadadoras. Centré mi atención en una de ellas: cabello negro, vestimenta deportiva de una pieza también de color negro, hawaianas negras. Su espalda era más amplia de lo normal, largos brazos, piernas contorneadas, cuerpo bronceado. Sonrisa amplia, ojos verdes. Maravillosa. Jovial. Resplandeciente.

Se colocaba gorro y anteojos especiales, y se lanzaba a nadar. Primero la investigué una semana. La miraba a ella, y también a la gente que la rodeaba para detectar si uno de sus compañeros era su pololo, amigo con cover, o algo por el estilo. No encontré nada. Me lancé en picada. Luego de un entrenamiento, charlé con ella, le pregunté algunas cosas y me enteré que tenía un novio, pero que no era nadador. Igualmente la invité a un café en los días entrantes. Me dijo que .

Cuando salimos, hablamos de todo. Ella, la verdad, sólo de natación. No sabía nada más. También me dijo que estaba muy mal con su pololo y que era cuestión de tiempo para que eso se arruinara. Eso me interesaba saber. Maravilloso. Nos estábamos viendo tres veces a la semana en la piscina, cada vez charlábamos más. Pasó un mes y la arrastré hasta mis aposentos luego de una loca noche de baile. Cuando me estaba mirando sobre la cama, esperando que la desvistiera, la imaginaba con su ajustado traje de nadadora. La saliva se me caía de deseo. No esperé más.

Sus cabellos negros se enganchaban en mi barba de tres días, mientras le besaba el cuello. La besaba demasiado. Nos gustaba. La masturbé en ese intertanto. Sonreíamos mientras lo hacíamos. Luego besé su amplia espalda, recorriendo las vértebras hasta llegar a su firme y atlética parte trasera. Sus luces rosadas erectas. Sus pestañas temblaban. Su piel era muy suave, quizá la más suave que había tocado, y a su vez, era muy tersa y tonificada. Quizás el agua la había pulido. Me encantaba. Era perfecta. Ahí estuvimos sacudiendo nuestros cuerpos unos momentos. Luego de voltearla, sus piernas cayeron en mis hombros. Chupaba los dedos de sus pies, mientras llegábamos a la gloria, al verdadero paraíso. Con mi lengua, jugaba con su pulgar. Ella se agarraba de una almohada. No aguantábamos más.

Lugar de la eyección: En el durex que llevaba puesto.

Me enamoré. No de ella, sino de su cuerpo. Era realmente una seda. La besé incluso cuando dormía. Era demasiado para mí. Su cuerpo muy bien formado, atlético, moldeado con experticia. Cuando despertó, la invité a almorzar. Nos duchamos, fuimos, comimos, charlamos, nos despedimos. Reconozco que nos seguimos viendo de vez en cuando. Le he dicho que se vista de nadadora antes del sexo. Lo ha hecho. He sido feliz.

Ya no voy a la piscina, ya no la veo nadando en el agua, sólo la veo nadando entre mis sábanas cuando acordamos una cita de sexo casual.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Nadadora se interpuso en su camino:

1- Acaríciela cuanto quiera, pero delicadamente. Dígale que tiene una piel muy suave. , dígalo de esa manera y no haga metáforas estúpidas si no sabe hacerlas.
2- Bese la parte baja de su cuello, y juegue con la presión que usted ejerce con sus labios. Es una buena técnica para preparar el orgasmo.
3- No le entregue cigarrillos ni alcohol. Sólo ofrézcalos.
4- Lamer los pies de una mujer no es algo raro. Descubra nuevas zonas erógenas y no tenga miedo a probar zonas del cuerpo de sus parejas. No sabe lo que se pierde y lo que puede recibir a cambio.
5- No arañe y no deje chupones en ella. Recuerde que es nadadora y esos vestigios son visibles en ella cuando tenga que nadar.
6- No se atemorice si el trasero de ella es más firme que el de usted, al contrario, explore y goce lo que más pueda. Un trasero así no se ve todos los días, se lo aseguro.

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La Chica Religiosa

, estuve con una Chica Religiosa.


Antes debo anunciar de que la chica religiosa no era ni católica, ni evangélica, ni pentecostal del sexto, séptimo o del día que sea. Era de una secta de los mormones. Bueno, paso a contarles.

Debo decirles que fue una experiencia contraria a la religiosidad, santidad o algo que se relacione con lo sacro. Al contrario, fue espurio y mucho más cercano a algo sucio.

Era el mes de junio, y tenía que hacer un reportaje para la Universidad. Uno de mis compañeros de grupo estaba interesado en indagar sobre una secta. Era una derivación de la religión mormona. Su hermana menor, estudiante de teatro, había trabajado con grupos de esa religión en algunas actividades recreativas.

Nos pareció buena idea, y fuimos al templo principal a obtener alguna entrevista, o un permiso para grabar en las instalaciones. Nos recibieron amablemente, nos dieron todas las facilidades para desarrollar nuestro trabajo. En el patio del templo, se estaban desarrollando dinámicas de grupo. Fijé mis ojos en una de las monitoras: Cabello castaño largo, una jardinera de jeans, panties blancas, zapatos negros. Nariz aguileña, ruborizada, amplia sonriza. Uñas perfectamente pintadas de marfil. Delicada, feliz, danzante.

No fue tarea fácil. Realizamos muchas visitas en terreno al templo. Trabajamos cerca de un mes en el trabajo propiamente tal, pero yo aprovechaba de ligarme a la monitora de las uñas
perfectas. No era fácil. Era bastante conservadora. Incluso pensé que era virgen, pero dudé cuando supe su edad: 26.

Llegó el día. Le pedí que me enseñara a rezar. Supondrán que no me importaba en lo absoluto aprender los ritos de su religión, sólo quería tener un orgasmo escandalozo con ella. La invité a mi casa. Tuve que rezar e implorar a un dios que ni siquiera conocía. Con todo ese contexto sacro y de pureza que la invadía, aproveché de besarla. Lo aceptó.

Fui delicado con ella, pero no MUY delicado. Suelo jalar el cabello. A ella le gustaba. Era raro. Orar y después follar, creo que siempre es raro. Le saqué los zapatos. Su crucifijo lo arrojé al piso. No me importaba ser un hereje en ese momento, y a ella, aparentemente tampoco. Algo de masturbación con sus pies enfundados en medias fueron el comienzo. Ella era más apasionada de lo que pensaba. Luego de besar sus rodillas y sus hombros, jugamos con nuestros alientos. Le saqué la cadena que llevaba atada al cuello. Quería despojarla de todo aquello que me remitiera a algo religioso. No sé si por temor al castigo divino de nuestro señor o por respeto a su creencia. Quizás debí haber dejado todos aquellos amuletos y hacer algunas fantasías. Como que fornicaba con una virgen, con una mujer santa, o ese tipo de cosas.

Bueno, yo seguía moviéndome hacia adelante y hacia atrás con ella. Gozábamos juntos, gemíamos juntos, tuvimos un orgasmo juntos.

Lugar de la eyección: En sus piernas, enfundadas en panties.

Ella dormía sobre mi pecho. Yo, despierto hace varios minutos. No había sido una gran sesión de sexo casual como las que les he contado, pero su masturbación fue magnífica. Tenía habilidad con los pies la chiquilla. Bueno, esperé que abriera los ojos. Recogí sus cadenas y símbolos que la remitían a su religión. Se los entregué. Le dí algo de comer. Encendí un incienso. Ella estaba feliz. Nunca había visto una sonrisa así en su rostro, en todo el mes que había trabajado con ella. La fui a dejar al metro, como siempre. Quedamos de vernos en otra oportunidad.

Me dijo que no nos vieramos más en el templo. Le dije que sí, a todo lo que me decía. No volví a ir al templo. Pero bueno, lo confesaré, la agregué a Facebook. Me ha invitado a reuniones de su iglesia, pero siempre ignoro sus mensajes. Si me dice que quiere beber unos tragos y fornicar, adelante. Haré click inmediatamente en el botón ACEPTAR.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Religiosa se interpuso en su camino:

1- Dése el tiempo para concretar una primera cita. Puede valerlo.
2- Pídale cosas sucias, pero no la obligue. SOLO PIDALE.
3- Sea delicado, pero no demasiado. El ser agresivo y pasional, si se hace en justa medida, siempre es positivo.
4- Comparta con ella algo íntimo. Sea real o ficticio. Se abrirá en todo sentido de la palabra.
5- Dígale que a todo lo que le pregunte, pero de buena manera, no como un niño.
6- POR NINGUN MOTIVO impregne con sus fluidos corporales los amuletos religiosos que ella use, A MENOS que usted se lo pregunte, y le respondan de manera afirmativa.

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La Chica Negra

, estuve con una Chica Negra.


No me malinterprete. No digo "negra" de forma peyorativa, sólo lo digo así para que quede claro. De raza negra, como se dice. Como Naomi Campbell. Como Alek Wek. Sí, negra de verdad. No algo medio afroamericano como Oprah Winfrey o Beyónce.

Bueno, puedo decirles que fue una experiencia salvaje, aunque parezca cliché. Es verdad, siempre hay muchos mitos rondando la figura de las mujeres de raza negra. Que son el cuádruple de fogosas que las blancas, que sus partes íntimas son más grandes o que aguantan lo que sea. Hasta el Gang Bang más cerdo. Bueno, puede ser cierto, pero aquí daré la experiencia de un mestizo.

Año 2008. Discotheque de música electrónica. Andaba dando vueltas en una fiesta para extranjeros con dos amigas de la vida. Ellas iban en búsqueda de un sueco o finlandés que anduviera volando bajo y tuviera deseos de una orgía latinoamericana. Cabezas rubias a la vista. Eran unos chicos escandinavos bailando House y Trance. Mis amigas fijaron su objetivo, y se lanzaron. El chico que eligieron era un finlandés, el que no se resistió ante la fantasía que las chilenas le proponían. En el mismo grupo estaba mi potencial deseo serpenteante:

Una negra de 175 centímetros aproximadamente, esclerótica amarilla, nariz ancha, gruesos labios rubí, y vestido verde olivo. Cabello sujeto en una cola de caballo larga. Caderas y pechos imposibles. Preciosa. Mujer. Deseable.

Sujeté su brazo y comencé a bailar con ella. Unos giros de nuestros cuerpos y comenzó la danza del apareamiento. Bueno, de igual manera, la música tribal y la música electrónica no son muy distintas a mi parecer. Comenzamos a charlar. Era de Haití. Su padre adoptivo era colombiano y la había criado desde los dos años. Su niñez fue viajar de un país a otro, y ahora se encontraba de intercambio en Chile por seis meses. Luego se dirigía a Colombia. Maravilloso. El tiempo justo para una noche orgásmica, pensaba mientras miraba su natural movimiento sinuoso.

Mis amigas se perdieron entre las verdes luces robóticas, y mis manos se perdieron sutilmente entre ese verde vestido. Bastaron unos minutos para que sus pezones estuvieran erectos, y yo la deseara con todo lo que mi cuerpo podía aguantar. Tomamos un taxi. Dos mil cien pesos el viaje. Llegamos a su casa. Departamento 1404. El paraíso.

Largas piernas bajo mi mentón. Todo aquello rosado en las blancas era en ella color moka. Sus palmas y plantas de los pies perfectamente blancas. Hecha a mano. Era el cuerpo más femenino que había visto. Grande, firme, hembra. Su inmensidad me nublaba un poco, pero como digo siempre: antes de ser negra, es mujer. Alargué el preámbulo. El precalentamiento. Abecedario de la A hasta la O entre sus piernas. Esperé los primeros gemidos para asegurar el éxito. La volteé, sujeté ampliamente sus caderas y llegué a lo más cercano que se puede llegar del cielo. Su cabello enredado se balanceaba, y su frente sudaba de placer. En la misma posición, coloqué una almohada sobre mi rodilla izquierda, y posé mi pie derecho en el final de su columna mientras seguíamos en plena acción. La angulación de la penetración cambió. Orgasmo descontrolado.

Lugar de la eyección: dentro del Durex que llevaba puesto.

Ese día no fumé. El sabor de la piel negra era demasiado fuerte en mi lengua. Lo amaba. Estaba aún digiriendo lo que había ocurrido. Miraba sus zapatos de taco arrojados en la entraba de su habitación. La recordaba enfundada en ese precioso vestido que ahora cubría parte de nuestros cuerpos. Coloqué mi mano derecha bajo la nuca, mientras miraba hacia el techo. Respiré hondo. "Qué gran follada fue esta", "Debería sentirse orgullosa de ella misma", pensaba simultáneamente. Hasta pensé en que había sido la mejor sesión de sexo casual que había tenido.

La miré. Aún dormía profundamente. Me percaté que suelo despertarme primero que mis parejas ocasionales. ¿Será instinto animal para proteger a la hembra? ¿para ver que ningún depredador aceche nuestra carne? Huevadas. Me levanté sigilosamente, me vestí, y fui al baño. Tomé el lápiz labial y escribí en el espejo: "Gracias por la mejor noche de mi vida ". Me fui. Nunca había escrito algo en el espejo de un baño luego de tener sexo. Lo encontraba algo tétrico, como de esas mafias que roban riñones. Bueno, espero que entienda que aquel gesto requiere un gran esfuerzo de mi parte. De verdad valoré aquella noche. No sé si fue la mejor de mi vida, pero bueno, siempre hay que mentir un poco.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Negra se interpuso en su camino:

1- Aunque suene obvio, pero por mucha curiosidad que tenga, no sea idiota: Use condón.
2- No le busque mucha conversación de su pasado, quizá puede incomodarle: puede encontrarse con una trágica historia de esclavos, o con una opulenta vida sudafricana. Mejor no corra riesgos.
3- Insisto: No emborrache a su pareja en exceso. Que compartan una misma lengua, no quiere decir que entienda todo lo que dice.
4- Explore aquellas zonas que le parezcan novedosas de ella. No sea como un púber que mira hasta con lupa aquellas zonas que le gustan. Sea discreto y sensual.
5- No la trate como un moai. Ella es de carne y hueso. Por lo tanto, trátela como lo que es: una mujer.
6- Cuando estén hablando en la intimidad, por favor NUNCA le diga que es EXOTICA. Puede golpearlo en sus partes nobles, o sentirse profundamente humillada. Si le tocó la última, sea hombre y retírese, por muy caliente que esté. Una masturbación en casa remediará el bochorno.

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