La Chica Gorda

, estuve con una Chica Gorda.


No obesa, pero casi. No me malinterprete, no quiero ser ofensivo con ese término.
No tengo problemas con las chicas a las cuales les dicen "rellenitas". Hay chicas que creen que por ser flacas son sexys y más aptas para recibir un falo masculino. Ilusas. Pobres niñitas. No saben dar ni un orgasmo decente. Muchas de ellas son fomes y frías como una puerta. Las gorditas saben absolutamente bien cuál es su condición física, por tanto lo dejan todo en la cacha ... digo, perdón, en la cancha.

Debo decirles que fue una experiencia GRANDE. Grande en el sentido físico, en el sentido del roce. En el sentido más puramente animal. De crispamiento de piel. De eso que nos gusta.

La verdad la conocí de manera muy rancia. No fue una circunstancia mágica o de película, más bien fue una cuestión muy terrenal. Fue en una fiesta que un amigo había organizado en su casa. Una fiesta de no más de 7 u 8 personas. Se lo aclaro por si se estaba imaginando algo con música electrónica en la azotea de un edificio. No. Era una junta pequeña, con música de "Maroon Five" y "Aerosmith" de fondo, y que se aventuraba a ser muy rancia.

Llegó la polola de uno de mis amigos. Venía acompañada con su prima y una amiga de la universidad. Justamente esta última sería mi víctima de la noche, mejor dicho, yo sería su víctima.

Nos sentamos en círculo en el suelo y nos pusimos a charlar, a ver videos, a hacer juegos con alcohol. El juego se llamaba "El alemán". He sabido que en otros lugares se llama "El siete de pica", o algo así. Se supone que cada carta del naipe inglés tiene un significado, que se traduce en acciones en las que se debe beber. A veces el vaso entero, sorbos, o esperar alguna instrucción a lo largo del juego que te obligue a beber. Una vez que el juego comienza NADIE puede ir al baño, excepto si tiene una carta de "8" en su poder. Bueno, así se desarrollaba el juego, cuando el ron comenzó a hacer su efecto en mis conexiones neuronales.

Cruzábamos miradas hace rato. Ella guapa, muy bien vestida, con actitud, graciosa, una sonrisa envidiable. Me levanté de mi puesto, fui a buscar un hielo algo derretido y me senté al lado de esta "fat-diva". Jugamos un rato, nos reíamos. Ya me encontraba tenso. La deseaba. Nos entendimos sólo con mirarnos. Ella dijo que iba a dormir, que estaba cansada. Yo dije que iba a orinar. Nos metimos en una pieza, y sobre una cama deshecha comenzamos a saltar.

Vaya habilidades manuales que tenía. A veces no eyectar es una de las cosas más difíciles del mundo, y hay que colocar toda la voluntad que se tenga para aguantar. Lo bueno es que el alcohol había hecho su efecto y me relajaba. Deslizaba mi órgano viril por entre sus pliegues. Me agarraba de la acumulación de lípidos laterales de su cintura e ingresaba en ella. Sus flácidos brazos se movían al tiempo que movía mi pelvis hacia adelante y hacia atrás. Se colocó la almohada en la boca para no hacer ruidos estruendosos. Yo le dije que me importaba un carajo que todo el mundo escuchara sus gemidos. Si quería que sonaran, que lo hiciera. Se desabrochó el sostén y me lo colocó en la cabeza. Me quedaron como unas lindas orejitas de mapache. Más bien, de Cocker Spaniel. La volteé con gran esfuerzo, la tomé de su cabellera castaña y comencé con ingresos lentos y profundos. Sus grandes pechos se balanceaban. Rico. El roce era máximo. No aguanté más.

Lugar de la eyección: LifeStyles que llevaba puesto.

9 de la mañana. Sábado. Caña, resaca o como quiera llamarle. Lo cierto es que era del demonio.
Yo arrinconado en una cama de plaza y media. En la cama de al lado, otra pareja. Todos durmiendo. Me levanté, como siempre silenciosamente, y me fui a mirar al baño. Creo que me gusta mirarme cuando tengo resaca. Pupilas dilatadas y el rostro ceniciento. Sonreí.

En el living habían cuatro personas tiradas en el piso durmiendo. Me pareció gracioso. Había un vómito en la baranda de la terraza. Me pareció más gracioso. Estaba cerca del metro Pedro de Valdivia, así que me fui rápido. Una ducha en mi casa, un té con miel y unas tostadas serían óptimas para pasar la caña que me dejó aquella sesión de sexo casual con la gordis.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Gorda se interpuso en su camino:

1- Por NINGUN MOTIVO ocupe los apelativos de chancha, morsa, ballena o aquellos adolescentes sobrenombres. Llámela por su nombre, no sea un pobre idiota maleducado.
2- No tema a que se rían de usted porque se metió con una chica gorda. Los que dicen eso no saben lo que se pierden. Recuerde: su pene no discrimina entre flaqueza y gordura.
3- No tenga el prejuicio de que las gordas son sebosas, sudadas o cosas así. No sea huevón, esos argumentos son sólo huevadas.
4- Ocupe los pliegues del cuerpo de ella para rozar sus partes nobles. Eso una chica delgada NO puede otorgarlo. Así de simple. Una mujer con más kilos puede ofrecer muchos lugares para fantasear.
5- Los pezones de ella son más amplios. Disfrútelos.
6- No aparente ser un físicoculturista. Si intenta hacer posiciones complicadas o levantarla con los brazos, y es usted débil, puede terminar con un esguince o con una contractura en la espalda. No sea idiota, y sea clásico si es necesario.

Si quiere más recomendaciones, o tiene otros consejos para este perfil de chica, no dude en postearlos.

3 comentarios:

Mario Amigo Vargas dijo...

Es muy notable este log!!...
y aunque a ratos pienso que tal vez puede existir algo de ficción en los relatos, prefiero no enterarme porque es más sabroso imaginar que el 100% de los detalles son reales :)

David! dijo...

Así es. Es mejor. Gracias por seguir el blog!

Saludos ;)

mentiraspuntocom dijo...

;)