El Cuarteto

, estuve en un Cuarteto.


Sé que no lo creerá. Sé que puede parecer inverosímil. Dirá que es ficción y que un cuarteto es algo demasiado viciado para usted. Por favor, créalo. Hay personas en el mundo a las cuales les ocurren este tipo de cosas.

Debo decirles que ha sido la experiencia más EXTRAÑA que he tenido en toda mi vida sexual. Además, no conocía a ninguno de los participantes. Fue una situación fortuita. Absolutamente inusual. No sé cómo más describirlo .... bueno, fue muy placentero, también puedo decir.

Era septiembre u octubre del año pasado, si mal no recuerdo. La Universidad de Santiago de Chile había organizado una actividad masiva en su estadio de fútbol. Iban a tocar bandas como "Sonora de llegar", "Tomo como Rey", y creo que los "Chancho en Piedra". No recuerdo la verdad. Quizás fue hace dos años. Bueno, realmente da lo mismo.

Días antes había hablado con una chica de mi ciudad originaria, Linares, para que nos juntáramos en el evento. Esta niña ya llevaba unas 3 semanas lanzándome indirectas, de que me quería ver, que saliéramos, de que fuéramos al cine. Yo tenía muchas ganas de tener sexo con ella, debo reconocerlo, porque era uno de mis amores cuando estudiaba en la educación media. Años en los que era un niño bueno y virgen.

La susodicha me llamó, me dijo que ningún problema, que nos viéramos allá. Genial. Lo que yo pensaba era cómo me encontraría en un lugar donde hay más de cinco mil personas, y el volumen de la música es idiotamente alto. Obviamente no escucharía mi teléfono celular. Bueno, no le di tantas vueltas, y le dije que OK, que allá nos veríamos.

Luego de beber algunas cervezas, entramos con un grupo de amigos al estadio. Para mi sorpresa, detrás mío iba la niñita linarense, acompañada de su EX. Maldita. Estúpida. Huevona. Cruzamos miradas y se sonrojó. Se hizo la desentendida de su pareja, se acercó y me saludó. Me dijo que era muy lindo verme, que con quién estaba, que dónde iba a estar. Le conteste que andaría "por ahí", y que estaba acompañado de amigotes de la vida. Inmediatamente me alejé, para llevarme algo de la dignidad que me quedaba. Maldita, me destruyó la ilusión, y la muy huevona andaba con su EX. Estúpida insensible. Sí, la odié.

Me sentí un poco angustiado, pero no lo suficiente como para no poder sacarla de mi cabeza. Además, las cervezas y los chistes de los amigos hicieron olvidar rápidamente ese asqueroso encuentro.
Pasaron cerca de cuatro horas, quizás cinco. La música estaba muy buena. Cerraron el show los "Chancho en Piedra". Ovación. Aplausos. La gente comenzó a retirarse del lugar. Apenas se apaga la música, suena mi teléfono.Veo quién llama: la chica linarense. Mi calentura era superior a mi dignidad, así que contesté. Me dijo: "David, ¿dónde estás?, necesito verte ahora. Estoy al lado de la puerta de salida. Ven por favor, te espero" Cortó la llamada. Yo, candente.

Les dije a mis amigos que iba a buscar a la chica a la puerta de salida, que no se preocuparan, que apenas supiera si esta era una simple plática o una noche de sexo ardiente, les avisaría. Caminé, caminé y caminé. Quedaba lejos el portón. Llegué. No la vi donde me dijo que estaba. Comencé a odiarla. Esperé 7 minutos y no aparecía. La llamé a su teléfono. Me cortó. Me llamó ella de vuelta. "David, ¿dónde estás?", "Estoy al lado del portón, donde me dijiste", repliqué. "Ah, dale, yo en tres minutos estoy allá, estoy en los baños químicos, voy al tiro", me dijo. "OK, te espero", le dije, como un completo loser.

Cuando estaba cortando la llamada, una mano se posa sobre mi hombro. Levanto la vista. Una rubia guapa, 170 centímetros, piel blanca, sombra azul en sus ojos del mismo color. Me dice: ¿Oye, te gustaría hacer un cuarteto?. Yo, desencajado. "Esto es una broma", pensaba. Al lado de ella, iba un hombre moreno, un metro ochenta quizás, y una chica de cabello negro ondulado, 160 centímetros más o menos, grandes pechos, buenas caderas. No eran nada del otro mundo, eran estudiantes universitarios del montón. Le dije a la rubia que no podía, que esperaba a una amiga. Me dijo: "No seas fome po'. Ya po', vamos. Mi casa está a quince minutos de acá". Se me subió la sangre a la cabeza, en todo el sentido de la palabra.  Mandé a la mierda a la linarense. ¡Vamos!, les dije, de manera muy irresponsable, ya que no andaba con condones o cosas así. Rogaba que el machote anduviera con algunos. Luego me enteré que ellas tenían. Perfecto.

Fuimos a pie. Quince minutos exactos nos demoramos. Íbamos riéndonos, conociéndonos superfluamente. Llegamos. Me enteré de que las chicas vivían solas en un departamento. Eran sólo amigas, no eran pareja. Juntaron sus dos camas de plaza y media. Maravilloso. Todo era muy extraño para mi. Primerizo. Empezó el ajetreo. Tomé a la rubia. Besos por allá y por acá. Miradas fugaces entre las parejas. Nos excitábamos viendo cómo se tocaba la pareja del lado, y viceversa. Al principio fue difícil acostumbrarme a escuchar gemidos ajenos al lado de mi oído. Rozábamos nuestros cuerpos. Felices. Música de Led Zeppelin y Prince de fondo. Doblemente maravilloso. Pasábamos nuestras lenguas por los cuerpos que estuvieran más próximos. Cabellos enredados. Ocho pupilas dilatadas sobre las camas. Cuatro narices oliendo cuerpos desconocidos. Bocas besando rosadas felicidades y falos bien dispuestos. Música de roces genitales. Hiperventilaciones dobles. Sábanas empapadas de sudor. Diálogos sexualmente graciosos. Cambiábamos de parejas. Los sabores se impregnaban en la lengua. Luces rosadas erectas. Cabellos ajenos en las bocas. Dedos de los pies contraídos. Piernas agarrotadas. Pechos rojos. Párpados vibrantes. Bocas abiertas de placer. ORGASMOS.

Lugar de la eyección: En uno de los condones que regala el Estado.

Terminamos. Quince minutos tirados en la cama. El tipo (que era eyaculador precoz) ofreció cigarrillos. Los aceptamos. Nada de acurrucarse con la respectiva pareja. Había que irse. Nada de vínculos post sexo. Eso me gustó. Fumamos. Nos vestimos. Eran las dos de la mañana. El tipo me palmoteó la espalda, sacó otro cigarrillo y me dijo con una amplia sonrisa: "Buena perro, la hicimos". Yo le dije: "Sí huevón, la hicimos. Cuídate. Chao". Creo que concordaba con él en el contenido, pero la forma en que lo dijo, me pareció la de un púber imbécil. Bueno, creo que también soy un poco así.

Tenía dos mil pesos en mi billetera. Le dije al taxista que me llevara por dos lucas. Aceptó. Llegué a mi casa. Me sentí feliz de haber compartido la experiencia de cuatro orgasmos en una noche. Maravilloso.

Seis humildes recomendaciones si es que un Cuarteto se interpuso en su camino:

1- No sea prejuicioso. Si se le da la oportunidad de hacer un cuarteto, mire a las personas que lo integran. Puede ser un indicador. Si decidió positivamente, no se arrepentirá.
2- Al principio, antes de llegar al lugar del sexo, es difícil imaginarse cómo se reaccionará cuando se esté desnudo con tres personas más. Visualice a su chica más cercana, y déjese llevar. Recuerde que después cambiará de pareja.
3- No sea posesivo con la mujer más linda del cuarteto. Así no funciona. Además, ella puede no querer estar más con usted. Asuma y comprenda en el lugar en que se encuentra.
4- Use condón. Sé que es difícil, pero hágalo. Está con tres personas distintas, de las cuales no conoce sus historiales sexuales. Insisto: hágalo.
5- Si no quiere estar en algún momento con el hombre, no esté. Diga que es heterosexual y todo se solucionará. Ahora, si le viene la curiosidad, experimente nuevas sensaciones, pero protéjase.
6- No tenga miedo de realizar un cuarteto. No se irá al infierno por eso. 


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La Chica Anoréxica

, estuve con una Chica Anoréxica.

(Debo excusarme nuevamente. El fin de semana, cuando prometí actualizar mi blog, tuve una maratón de sexo. Pronto les relataré mi experiencia de más de 6 horas de "saltos con garrocha", levantamiento de "pesas" y salto "largo" y "alto")

Debo decirles que fue una experiencia extrema. Fornicar con alguien enfermo no es trivial. Yo digo enfermo de verdad. Delgadez. Costillas y huesos visibles. Sin embargo, ella trató de satisfacerme sexualmente todo el tiempo. Era como si fuera la última relación sexual que tendría en su vida. Yo sentí que le hacía un favor. Le devolvía la vida. Bueno, les cuento ahora.

El amor platónico que he tenido desde niño, estaba de cumpleaños. Iba a hacer una fiesta masiva con muchos de sus amigos en un conocido local de la calle Manuel Montt. Ella iría con su pololo que, por cierto, es una basura. No entraré en detalles. Bueno, iría a conocer gente y pasarla bien. Había excelentes tragos y Marvin Gaye y PJ Harvey sonaban de fondo. Vi a mi amor platónico. Nos abrazamos, le dije "feliz cumpleaños", me besó el cuello, me sonrió. Yo, deseándola con todo mi cuerpo, pero su novio estaba a pocos metros, con aire de distraído, pero olfateando si su hembra se excedía en lo afectivo. Le dije que le debía el regalo. Me miró caprichosamente y me sonrió. La dejé que regresara a los brazos de su macho disfuncional eréctil. Si, lo odio.

Pasó una hora, y yo daba vueltas en el lugar. No quería hablar de trivialidades con nadie, ya que mi fémina estaba siendo atrapada por ese imbécil que tiene por novio. No aguanté más, estaba enojado, cansado y algo frustrado. Al lado de un ventilador, veo a la chica realmente importante en esta historia: la anoréxica. Era guapa. Su delgadez no era evidente a primera vista, ya que no mostraba partes descubiertas de su cuerpo. Su rostro era algo delgado, pero las luces de la fiesta hacían que las texturas y los colores cambiaran.

La saludé. Le comenté que la fiesta estaba aburrida. Rompí el hielo. Ella sonrió. Le pregunté si quería un poco de mi vodka tónica. Me dijo que no. Que tenía muchas calorías y que por su salud no podía consumir ese tipo de cosas. Le ofrecí un cigarrillo, diciéndole que eso no tenía calorías. Se rió, y lo aceptó. Yo, algo ebrio, la invité a mi casa. Ya eran las dos de la mañana, y no quería seguir viendo al amor de mi vida ser acechada y langueteada por ese idiota. Fue más fácil de lo que pensé. Tomamos un taxi y llegamos a mi departamento.

Fui al baño, limpié mi boca y herramienta sexual, y salí. Ella me esperaba fuera de la puerta, y me abrazó. Yo la tomé de la cintura. Miedo. Su cintura tenía el diámetro de un plato. Le toqué la espalda: columna vertebral absolutamente palpable. Me asusté. Como última prueba, agarré su trasero: huesos. La miré atónito. Me miró como extrañada, como que no entendía el porqué de mi sorpresa: Era anoréxica y aparentemente no se había dado cuenta (y yo tampoco, hasta ese momento). Me besó y me arrojó a la cama. Estaba bastante motivada. Aparentemente hace meses (quizá años) que no tenía sexo. En ese momento, tuve que decidir qué haría: ¿O le digo que me duele el estómago y le pago un taxi para que se vaya, o soy un buen samaritano y ayudo a esa pobre mujer a satisfacer sus deseos carnales? Difícil decisión. Pensé: "Sexo es sexo. Ánimo huevón. Haz algo por la felicidad del mundo". Hice lo que sentí que debía hacer.

No fue fácil. Tuve que colocar toda mi voluntad y arrojar mis prejuicios al tarro de la basura. La tomé de sus delgados antebrazos y la besé. La miraba. Ella rozaba sus esqueléticos brazos por mi espalda. Me daban escalofríos, lo reconozco. Trataba de agarrar sus pechos inexistentes. Era algo triste, pero de igual manera besaba sus luces rosadas. Pasaba mi lengua por sus costillas, y daba la sensación de que estaba atravesando lomos de toro consecutivos. Era una experiencia MUY RARA. De las más raras que he tenido. Su felación fue buena. Nada que decir. Sabía los puntos en los que había que presionar, masajear y lamer. Su boca aparentemente no estaba afectada en lo absoluto por su enfermedad. Maravilloso.

Luego, sus labios inferiores recibieron mi dador de orgasmos. Su trasero chocaba en mis piernas cuando saltaba. En una situación normal, eso hubiera sido el cielo, pero al no tener un trasero con "algo" de grasa, me producía dolor. El constante golpeteo hacía que mis piernas comenzaran a colocarse moradas. Me dolía, pero sabía en lo que me había metido. Debía terminar con esto. Aceleré los saltos, así como aceleré la respiración y los gemidos de ella.

Lugar de la eyección: No hubo eyección.

Durmió abrazada a mi. Estaba feliz. Su pecho y mejillas estaban sonrojadas. Había tenido un bello orgasmo. Yo me sobaba las piernas. Me dolían todavía. Sus huesos habían chocado violentamente en mi cuerpo. Sus raquíticas pantorrillas habían chocado en las mías. Sin embargo, sus huesudas manos habían hecho un buen trabajo. Eso había que destacarlo. Quería que se despertara pronto. Quería que se fuera. Estaba enojado y triste a la vez. Era un sentimiento raro. Apenas abrió los ojos, le dije que debía ir a buscar a mis padres a la Estación de Trenes. Mentiras. Le dije que la agregaría a Facebook para que charláramos. Más mentiras.
La fui a dejar al metro, prometiéndole vernos otro día. Al fin se fue. Pasé a la farmacia, me compré un gel para la hinchazón y dolores musculares. Con malestar y todo, de igual manera no me arrepiento de haber regalado un orgasmo a una anoréxica. Quizás, ella lo necesitaba más que yo. 

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Anoréxica se interpuso en su camino:

1- Medite seriamente su posibilidad de tener sexo con una anoréxica cuando esté desnudo sobre la cama, mirándola. No vaya a ser que luego se arrepienta y sienta culpabilidad de ello.
2- Si su respuesta fue , sea tierno con ella. Dígale que es linda, que es deseable. Miéntale un poco.
3- Si su filantropía es más grande que su pene, dígale que es anoréxica, que tiene un problema y que debe ir al médico. Si no es así, dele el mejor orgasmo que pueda ofrecer.
4- Frote su órgano viril por las costillas de su delgada fémina. Puede que despierte alguna fantasía.
5- No porque sea enfermízamente delgada no puede ofrecerle un gran orgasmo. Todo depende de cuán fuerte sea su conexión con ella.
6- Su integridad física está primero. Si ella genera malestar físico en usted, dígaselo para que cambien de estrategia. Si quiere continuar, recuerde tener medicamentos para dolores musculares en su botiquín.

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La Chica Francesa


, estuve con una Chica Francesa.

(Antes de contarles cualquier cosa, debo excusarme por haber dejado unos días de lado este blog. La clasificación de Chile al mundial de Sudáfrica 2010 fue demasiado para mí. Y también ocurrió algo ese día, que más adelante comentaré).

Debo decirles que fue una experiencia creativa. No opinaré sobre aquellas afirmaciones de que "las francesas no se depilan". Puedo decirle que eso es lo que menos importa cuando se está saltando de felicidad. Yo creí que era mentira todo eso de que las francesas eran unas diosas del sexo, que sus felaciones son las mejores del mundo, o que eran el triple de apasionadas que las mujeres de otros países. Debo decir que son muy buenas, pero tampoco son las mejores. Conozco chilenas calladitas que se convierten en verdaderos huracanes de placer cuando se les estimula.

A la franchuta la conocí el año pasado. Era la amiga de una amiga de una amiga de una compañera de intercambio francesa que estuvo en mi universidad. Nos conocimos (como varias veces antes me ha pasado) en una fiesta de estudiantes extranjeros. Ésta se organizaba en la casa de un chileno que había hecho una fiesta temática. El tema era: ropa interior. Esto involucraba que de la cintura para abajo, los hombres debían andar con boxers o calzoncillos, y las mujeres, con calzones, bikini o colaless. Maravilloso. Vaya que hots los organizadores. Doblemente maravilloso.

El alcohol abundaba, la música embobaba y los excesos comenzaban a presentarse. Sugestivos bailes, roces para nada casuales y miradas fugaces llenas de deseo circulaban constantemente. Era una verdadera orgía romana. De aquellas que no se ven muchas veces. Los cuerpos jóvenes estaban deseosos de sexo casual. Había que satisfacerlos lo antes posible.

Hice contacto con una participante de la fiesta. Cabello azabache, mejillas sonrojadas y salientes, labios rojos y carnosos, piel muy blanca. Ojos profundos, sombra negra sobre ellos, uñas perfectamente pintadas del mismo color y un pequeño colaless rojo. Absolutamente deseable. Amaba al organizador de la fiesta, por tan brillante idea de realizar ese evento. Me acerqué a ella, y me sonrió mientras bailaba y me miraba de costado. Me quitaba la vista, giraba, y volvía a sostener mis ojos. Maldita. Preciosa. Sexual. Le pregunté a su amiga si no le incomodaba que bailara con ella. Con un notorio acento francés, me dijo que no había problema, y le guiñó el ojo a mi potencial víctima. Se rieron. Comenzamos a seducirnos.

Bailábamos electrónica. Me colocaba tras ella y recorría su abdomen con mis manos, mientras ella levantaba los brazos al compás de Satoshi Tomiie. La fiesta se había convertido en un verdadero bacanal. Cuerpos sudados deseándose. Locura generalizada. Recién eran las dos y media de la mañana. Fuimos a su departamento, que estaba a dos cuadras de la fiesta. Con la bandera de Francia colgada en su closet, comenzamos a cantar la Marsellesa con nuestros cuerpos.

Nos contorsionábamos y nos besábamos. Fui un afortunado receptor de un beso francés bien desarrollado. Con juego de alientos, contacto sutil de lenguas cada vez agudizándose más. Preámbulo exquisito, excitación, deseo. Sabíamos que en unos meses más, no nos veríamos. Quizás nunca más. Eso lo hacía aún mejor. Compartir un orgasmo con un total desconocido debe ser una de las mejores cosas que pueden ocurrir. El olvidar tus prejuicios y mostrarte sin miedos ni restricciones es una de las cosas más bellas de la vida. La francesa comenzó a bajar por mis piernas, hasta que comenzó una perfecta felación. Era una maestra. Una verdadera francesa, en todo el sentido de la palabra. Se escuchaban gemidos de otra mujer en la habitación del lado. Nos miramos. Nos reímos. Luego, yo realicé el abecedario sobre su rosada felicidad. La letra "C" era su favorita. Supongo que sabe a lo que me refiero. Luego, el "misionero" y la "flor de loto", fueron el cielo. Las venas que se veían en su pálida piel se hinchaban. Era un bello orgasmo.

Lugar de la eyección: En uno de los condones que regala el Estado.

Mis ojos abiertos a las 9 de la mañana. Ella dormía sobre mi pecho. Sábanas húmedas. Cabellos sobre mi brazo izquierdo. Era realmente bella. Lentamente tomé sus brazos y los dejé a un costado. Traté de moverme sin que ella despertara. Lo logré. Fui a la cocina. Había alguien que roncaba en una habitación lateral. Aparentemente había sido una noche multiorgásmica dentro de esa casa. Bebí un vaso de agua, me coloqué las zapatillas (y toda la otra ropa que estaba en el suelo), y me fui. Reconozco que nos volvimos a ver unas cuatro veces más, luego de esa sesión. La fui a dejar al aeropuerto en diciembre. Fui el mejor con ella. Aún hablamos, nos escribimos postales de vez en cuando. Amaría que volviera en 5 años más, y tuviéramos una sesión de sexo casual apasionada. Insisto, es de las mejores cosas de la vida.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Francesa se interpuso en su camino:

1- No se ría de su acento francés. No sea estúpido, por muy graciosa que pueda parecer su pronunciación.
2- Téngase confianza. No porque usted sea negro, chico y peludo, no puede ligarse una francesa. Es una cosa de actitud.
3- No porque sea francesa va a ser necesariamente una diosa en la cama. Observe paulatinamente su comportamiento y vaya sacando conclusiones.
4- NUNCA obligue a una mujer a que le haga sexo oral. Si lo hace, merece ser castrado. Pregunte. Si la respuesta es negativa, busque otras formas.
5- El acariciar los pechos de una mujer por sobre la ropa, es una buena forma de generar deseo y hacer un exquisito preámbulo.
6- No llore luego del sexo. Es verdad, quizás no la vea nunca más, pero no sea niño. Sólo disfrute y agradezca el haber compartido un bello encuentro sexual.
7- Consejo Bonus Track: La francesa no olía mal. Siempre dicen que los franceses tienen mal olor y cosas así. Como en todos lados, hay personas que se duchan y otras que no. Así de simple.


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La Chica Oriental


, estuve con una Chica Oriental.

Debo decirles que fue una experiencia algo sadomaso. Sadomasoquista. Con algunos golpes, chorreo de velas y cosas así. Fue raro. Nunca había hecho cosas así, al menos en el sexo.

Era oriental de verdad: piel amarilla, padres taiwaneses y hablaba el español de forma regular. De repente decía los verbos en infinitivo y cosas así. Bueno, no me importaba mucho eso, ya que yo quería verla haciendo otras cosas con su lengua. También, pude comprobar esos mitos que rondan alrededor de las orientales: que huelen a salsa de soya, que sus rosadas felicidades son pequeñas, y que casi no tienen pechos. Bueno, yo hablaré por lo que rocé, toqué y vi.

Ella era de Taiwán. Venía de intercambio, y estaba estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Chile. La conocí en una fiesta para estudiantes de intercambio, a la cual una amiga austriaca me había invitado. Era el cumpleaños de la amiga de una amiga de ella. Era una fiesta bastante buena, en la azotea de un edificio, con Rihanna, Lenny Kravitz y Michael Jackson sonando de fondo. Eran cerca de la una de la mañana, cuando ya habían como 50 personas algo ebrias bailando como si nadie los mirara.

Yo charlaba con unos gringos, cuando mi amiga me presenta a la chica sadomaso: Un metro sesenta de estatura aproximadamente, ojos muy rasgados, cabellera larga negra teñida de violeta en las puntas, pantalones apretados de cuero, chaqueta blanca del mismo material y zapatos de tacón blancos. ¡Uf!. Tremenda mujer. Guapísima, con actitud. Nos saludamos, preguntamos nuestros nombres al mismo tiempo, nos reímos. Seducción pura. La retuve con preguntas obvias, como: ¿De qué país vienes?, ¿En qué universidad estudias?, ¿Dónde están tus puntos G? ... jajajaja!!!! ... no, nunca tanta confianza.

Ambos bebíamos vodka. La cumpleañera (que finalmente nunca supe quién era) había comprado ABSOLUT para los comensales. Fue maravilloso. Cuando vi que uno de los gringos con los cuales charlaba anteriormente flirteaba con la taiwanesa, la invité a bailar. No iba a permitir que una mujer de ese calibre se escapara de mi falo. Bailamos, bebimos, fumamos, reímos, nos tocamos, nos miramos, seguimos bailando, nos besamos, nos miramos, nos fuimos. Ya el preámbulo estaba hecho. La danza del apareamiento ya había sido realizada. Ahora quedaba sacarle los sostenes y recorrer su espalda con mi lengua.

Desabotoné su chaqueta y la arrojé a un costado de la cama. Agarró firmemente mi cabeza con sus dos manos y comenzó a besarme. Yo tocaba sus pechos por sobre la polera que llevaba puesta. Hacía circunferencias sobre su ombligo con mi dedo anular. Ella me volteó y yo quedé bajo su cuerpo. Se sacó el sostén, y me quedó mirando. Metió su mano en el bolsillo de atrás de sus pantalones y sacó un encendedor. Giró dos veces la ruedilla, y prendió una llama. Yo no entendía en lo absoluto lo que pasaba. Quizás era un ritual que se hacía frecuentemente en Taiwán antes del sexo, pero yo no lo conocía. Se guardó el encendedor, se sacó los pantalones ajustados y buscó algo en su cartera. Yo, desnudo e inmóvil, sólo observaba lo que hacía esta mujer.

Sacó el cinturón negro de sus pantalones, y me amarró las muñecas. Yo lo encontraba sexy, pero tenía algo de desconfianza. De pronto descubrí qué es lo que había sacado de su cartera: Una vela. Sí, una vela. No un cirio. Una vela de esas con las que se queman los aceites aromáticos. Una vela plana y pequeña. Yo ya advertía para donde iba todo esto. Prende la vela, espera que ésta se consuma un poco y deja caer algo del líquido en mi abdomen. ¡Uf!. No estaba nada mal. Era aguantable. Una sensación que no experimentaba desde que se me chorreaba la esperma de la vela sobre la mano en algún Vía Crucis, cuando era un virgen y buen niño. Vaya vueltas de la vida.

Chorreó cuatros veces ese líquido, y luego yo seis veces a ella. Me sujetó de la espalda y me arañó un poco. Lo dejé pasar. Agarró su cinturón y me golpeaba el trasero y la espalda. Yo decía: ¿Qué le pasa a esta huevona? entre dientes. Ella estaba feliz y con cara de extasiada. Yo, boca abajo sobre la cama, mientras ella estaba sentada sobre mí. Luego la golpeé yo, y reconozco que era muy excitante. Gemía, se tomaba el pelo y lo dejaba caer sobre su rostro. Lancé lejos aquel nuevo amigo que había hecho (el cinturón), y probé sus apretados labios inferiores. Muy rosados y delgados. Apreté los dientes, ella mirándome hacia atrás, y todo fue felicidad.

Lugar de la eyección: Dentro del LifeStyles que llevaba puesto.

Esa noche no pude dormir. La espalda me ardía producto de los rasguños y los golpes del cinturón. Creo que se le había pasado un poco la mano. Bueno, yo acepté sufrir el rigor de esa chica sadomaso. Me levanté, y la dejé durmiendo. No quise ir a ver mi cuerpo al espejo del baño. Quizás cuántos moretones tenía. Sólo rogaba que no me quedaran cicatrices. Debo reconocer que después la volví a ver en dos fiestas más, a las cuales me invitaba mi amiga. Volví a tener sexo con ella, a pesar de las secuelas. Lo bueno es que no quedaron marcas. Era sólo pasíón del momento. ¡Ah!, olvidaba decirles: Ella no olía a salsa de soya

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Oriental se interpuso en su camino:

1- Observe cómo se viste ella. Puede decirle mucho de su personalidad. Yo la vi enfundada completamente en cuero, y no se me pasó por la cabeza lo sadomasoquista que podía ser.
2- Como siempre digo: Háblele a su pareja en chileno, no en un español de España o en lenguaje carcelario.
3- No la emborrache. Ella hablaba un chino muy extraño a veces. Imagínela hablando con mucho alcohol en el cuerpo. No es una buena idea.
4- Aunque ella no tenga grandes pechos o un gran trasero, explore cómo remediar ese problema. No importa la cantidad, sino cómo usa su cuerpo.
5- No le hable de Taiwán como si realmente conociera sobre ese país. Quedará como un idiota. De hecho, casi nadie sabe algo sobre Taiwán, y eso ella lo sabe. Usted no es el primer chileno al cual ella conoce.
6- No le diga que es CHINA. No sea estúpido. No todos los orientales son de China. 


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La Chica Modelo

, estuve con una Chica Modelo.

A ver, cuando digo modelo, me refiero sólo al ámbito corporal, ya que era una estúpida. Aunque suene fuerte. Era guapa y todo eso, pero no entendía cuando le decía nombres como "Jimmy Hendrix", o "Gabriel García Márquez". Huevona. Me excuso inmediatamente, si usted tampoco conoce esos nombres.

Debo decirles que fue una experiencia fome. Fome, pero placentera visualmente hablando. Ver a una blonda caucásica de cuerpo perfecto hacer una felación, no se ve todos los días. Seamos sinceros. Las circunstancias de mi encuentro con ella, fueron raras. Y por poco ni siquiera nos conocemos.

Mi padre y mi madre venían a visitar a mis hermanos, e iban a aprovechar de ir al salón del automóvil que se hacía en Santiago ese fin de semana. Me invitaron, pero tenía dos pruebas el día lunes. Ya no recuerdo de qué, pero estaba algo atrasado con el estudio. Sábado, 12:30, llega un e-mail a mi bandeja de entrada: La prueba se suspende por viaje a Argentina de la profesora. Maravilloso. Podría ver aquellos orgásmicos vehículos, al lado de orgásmicas modelos.

Partimos al evento. Lamborghinis, Mercedes, Audis. Autos preciosos, brillantes, simétricos. Caminar por ese lugar era un placer. Autos de estratosféricos precios, reflejados en los ojos de personas que nunca los podrían comprar. Sin embargo, la gente circulaba feliz, y eso mitigaba mi incomodidad. Cuando me detuve al frente de un Lamborghini azul, una larga silueta lo acompañaba al lado: rubia natural, largas piernas, un traje azul apretado de una pieza, piel muy blanca, ojos azules hipnotizadores. Sonrisa amplia y sexy. Maestra.

Nunca he tenido ese miedo que a los machos tanto los incomoda: Acercarse a una modelo que se encuentra trabajando. Creen que los rechazarán públicamente apenas los vean. Perdedores. Si lo rechazan, lo rechazan. Habría el doble de orgasmos en el mundo si es que los hombres tuvieran más actitud. Bueno, me acerqué y le comencé a preguntar algunas cosas del auto, aprovechando de flirtear un poco. Había feedback, y eso me encantaba. Sonreíamos. A veces habían risas algo avergonzadas de parte de ella. La tarea se estaba cumpliendo. Finalmente, había que dar el paso, y le pregunté su número de teléfono. Me lo dio. Maravilloso.

Pasaron algunas semanas, donde hablamos y nos conocimos. Nos conocimos escasamente, de igual manera. No quería generar un lazo sentimental con ella. En lo absoluto. Hablábamos cosas superfluas, como de "Charlie Brown", y "Stefan Kramer". Temas que en un comienzo son buenos para conversas, pero con ella era lo único de lo que podíamos charlar. No daba para más. No podía hablarle cosas muy difíciles, porque simplemente no entendía. Se quedaba en silencio, y con una sonrisa en la cara. Ya no aguantaba más su estupidez. Mal que mal, sólo quería verla revolcarse. Fuimos a su casa, más precisamente a su habitación. Una habitación empapelada de imágenes de modelos y zapatos de taco alto. Nos pusimos en acción.

Fue un hueveo sacar su cinturón. Era un modelo exclusivo de no sé donde, que se abría de lado. Luego de aquello, todo fue lamer luces rosadas y acariciar lenguas. Lanzar sus pantalones a los pies de mi cama, fue el paraíso. Ver ese cuerpo casi perfecto fue sorprendente. Hecho a mano. Deseable, maravillosa, inolvidable. Ver su cabellera enredada en mis orejas fue escuchar una obra de Robert Schumann. Claro que no podía decírselo, porque no entendería, y no apreciaría mi piropo.

Por lo general, me gusta hablarles a mis parejas ocasionales mientras tenemos sexo. Es entretenido, atractivo, placentero y enciende deseos. Pero esta niña era una muda. No sé si le daba miedo, no entendía o estaba demasiado excitada como para escuchar. Finalmente opté por no decirle nada.

Se contorneaba, pero era bastante básica. La posición del misionero todo el tiempo. Chillaba como una loca, pero yo estaba muy aburrido, la verdad. Igual ella era excitante y todo eso, pero sólo físicamente. Igualmente la olía, pasaba mi lengua por sus piernas y sus pies. Besaba sus hombros y mentón. Jugábamos, pero yo seguía aburrido. Me comenzó a hacer una felación, pero no sabía. Apretaba demasiado. Ya no estaba excitado. Nuevamente posición del misionero a medias. Comencé a imaginar que estaba con otra mujer, para excitarme nuevamente. Nada. Esperé que ella tuviera un orgasmo. Terminamos.

Lugar de la eyección: no hubo.

Para que vea que no todas mis relaciones son entretenidas. Me han tocado mujeres muy fomes. Mujeres que aparte de sus cuerpos, no son nada más que eso. Insisto, aunque suene fuerte. Por cierto, con este juicio no estoy generalizando. Esa es la que me tocó a mi. Mala suerte.

Muchas de estas mujeres no saben dar orgasmos, no saben por donde pasar sus lenguas para hacer tiritar a un hombre. Bueno, tomé mis cosas y me fui. Así nomás, me fui. Quedé con un sabor amargo. Quizás tenía demasiadas expectativas, pero me fui algo frustrado. Sentir el roce de su rosada felicidad en mi falo no fue suficiente. No me hizo ni sudar. Sí, esto es lo que usted cree, una historia de frustración.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Modelo se interpuso en su camino:

1- No todas las modelos son iguales, aunque parezca obvio, pero convénzase. No todas son unas diosas del sexo sólo por ser modelos.
2- Un cuerpo casi perfecto no le asegura en lo absoluto un orgasmo.
3- En la primera cita advierta si es una estúpida o una persona normal. Lo agradecerá después. La estupidez puede llegar a afectar incluso la relación sexual, créame.
4- Aproveche ese cuerpo que tiene al frente. No lo desperdicie, ya que no verá uno así muy seguido. Pase su lengua por donde usted estime conveniente.
5- Hable en el sexo. Comuníquese para saber lo que su pareja y usted quiere. Es muy aburrido fornicar con una estatua. Si no hablan, que sea porque están teniendo un orgasmo.
6- , la de la foto es la chica en cuestión. Puse la foto porque ella se fue para Suecia, y difícilmente la volveré a ver.


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