La Chica Oriental


, estuve con una Chica Oriental.

Debo decirles que fue una experiencia algo sadomaso. Sadomasoquista. Con algunos golpes, chorreo de velas y cosas así. Fue raro. Nunca había hecho cosas así, al menos en el sexo.

Era oriental de verdad: piel amarilla, padres taiwaneses y hablaba el español de forma regular. De repente decía los verbos en infinitivo y cosas así. Bueno, no me importaba mucho eso, ya que yo quería verla haciendo otras cosas con su lengua. También, pude comprobar esos mitos que rondan alrededor de las orientales: que huelen a salsa de soya, que sus rosadas felicidades son pequeñas, y que casi no tienen pechos. Bueno, yo hablaré por lo que rocé, toqué y vi.

Ella era de Taiwán. Venía de intercambio, y estaba estudiando Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Chile. La conocí en una fiesta para estudiantes de intercambio, a la cual una amiga austriaca me había invitado. Era el cumpleaños de la amiga de una amiga de ella. Era una fiesta bastante buena, en la azotea de un edificio, con Rihanna, Lenny Kravitz y Michael Jackson sonando de fondo. Eran cerca de la una de la mañana, cuando ya habían como 50 personas algo ebrias bailando como si nadie los mirara.

Yo charlaba con unos gringos, cuando mi amiga me presenta a la chica sadomaso: Un metro sesenta de estatura aproximadamente, ojos muy rasgados, cabellera larga negra teñida de violeta en las puntas, pantalones apretados de cuero, chaqueta blanca del mismo material y zapatos de tacón blancos. ¡Uf!. Tremenda mujer. Guapísima, con actitud. Nos saludamos, preguntamos nuestros nombres al mismo tiempo, nos reímos. Seducción pura. La retuve con preguntas obvias, como: ¿De qué país vienes?, ¿En qué universidad estudias?, ¿Dónde están tus puntos G? ... jajajaja!!!! ... no, nunca tanta confianza.

Ambos bebíamos vodka. La cumpleañera (que finalmente nunca supe quién era) había comprado ABSOLUT para los comensales. Fue maravilloso. Cuando vi que uno de los gringos con los cuales charlaba anteriormente flirteaba con la taiwanesa, la invité a bailar. No iba a permitir que una mujer de ese calibre se escapara de mi falo. Bailamos, bebimos, fumamos, reímos, nos tocamos, nos miramos, seguimos bailando, nos besamos, nos miramos, nos fuimos. Ya el preámbulo estaba hecho. La danza del apareamiento ya había sido realizada. Ahora quedaba sacarle los sostenes y recorrer su espalda con mi lengua.

Desabotoné su chaqueta y la arrojé a un costado de la cama. Agarró firmemente mi cabeza con sus dos manos y comenzó a besarme. Yo tocaba sus pechos por sobre la polera que llevaba puesta. Hacía circunferencias sobre su ombligo con mi dedo anular. Ella me volteó y yo quedé bajo su cuerpo. Se sacó el sostén, y me quedó mirando. Metió su mano en el bolsillo de atrás de sus pantalones y sacó un encendedor. Giró dos veces la ruedilla, y prendió una llama. Yo no entendía en lo absoluto lo que pasaba. Quizás era un ritual que se hacía frecuentemente en Taiwán antes del sexo, pero yo no lo conocía. Se guardó el encendedor, se sacó los pantalones ajustados y buscó algo en su cartera. Yo, desnudo e inmóvil, sólo observaba lo que hacía esta mujer.

Sacó el cinturón negro de sus pantalones, y me amarró las muñecas. Yo lo encontraba sexy, pero tenía algo de desconfianza. De pronto descubrí qué es lo que había sacado de su cartera: Una vela. Sí, una vela. No un cirio. Una vela de esas con las que se queman los aceites aromáticos. Una vela plana y pequeña. Yo ya advertía para donde iba todo esto. Prende la vela, espera que ésta se consuma un poco y deja caer algo del líquido en mi abdomen. ¡Uf!. No estaba nada mal. Era aguantable. Una sensación que no experimentaba desde que se me chorreaba la esperma de la vela sobre la mano en algún Vía Crucis, cuando era un virgen y buen niño. Vaya vueltas de la vida.

Chorreó cuatros veces ese líquido, y luego yo seis veces a ella. Me sujetó de la espalda y me arañó un poco. Lo dejé pasar. Agarró su cinturón y me golpeaba el trasero y la espalda. Yo decía: ¿Qué le pasa a esta huevona? entre dientes. Ella estaba feliz y con cara de extasiada. Yo, boca abajo sobre la cama, mientras ella estaba sentada sobre mí. Luego la golpeé yo, y reconozco que era muy excitante. Gemía, se tomaba el pelo y lo dejaba caer sobre su rostro. Lancé lejos aquel nuevo amigo que había hecho (el cinturón), y probé sus apretados labios inferiores. Muy rosados y delgados. Apreté los dientes, ella mirándome hacia atrás, y todo fue felicidad.

Lugar de la eyección: Dentro del LifeStyles que llevaba puesto.

Esa noche no pude dormir. La espalda me ardía producto de los rasguños y los golpes del cinturón. Creo que se le había pasado un poco la mano. Bueno, yo acepté sufrir el rigor de esa chica sadomaso. Me levanté, y la dejé durmiendo. No quise ir a ver mi cuerpo al espejo del baño. Quizás cuántos moretones tenía. Sólo rogaba que no me quedaran cicatrices. Debo reconocer que después la volví a ver en dos fiestas más, a las cuales me invitaba mi amiga. Volví a tener sexo con ella, a pesar de las secuelas. Lo bueno es que no quedaron marcas. Era sólo pasíón del momento. ¡Ah!, olvidaba decirles: Ella no olía a salsa de soya

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Oriental se interpuso en su camino:

1- Observe cómo se viste ella. Puede decirle mucho de su personalidad. Yo la vi enfundada completamente en cuero, y no se me pasó por la cabeza lo sadomasoquista que podía ser.
2- Como siempre digo: Háblele a su pareja en chileno, no en un español de España o en lenguaje carcelario.
3- No la emborrache. Ella hablaba un chino muy extraño a veces. Imagínela hablando con mucho alcohol en el cuerpo. No es una buena idea.
4- Aunque ella no tenga grandes pechos o un gran trasero, explore cómo remediar ese problema. No importa la cantidad, sino cómo usa su cuerpo.
5- No le hable de Taiwán como si realmente conociera sobre ese país. Quedará como un idiota. De hecho, casi nadie sabe algo sobre Taiwán, y eso ella lo sabe. Usted no es el primer chileno al cual ella conoce.
6- No le diga que es CHINA. No sea estúpido. No todos los orientales son de China. 


Si quiere más recomendaciones, o tiene otros consejos para este perfil de chica, no dude en postearlos.

3 comentarios:

Jorge dijo...

Bueno...Consejos utiles...sobre todo
a fijarse en la vestimenta de la ''victima''.

Hay unas que se vuelven locas y te muerden sadicamente
y sobre todo al decir ke lleves condon...es muy cierto...

el que sabe sabe!

David! dijo...

Jorge:

Sí, el tema de las mordeduras, realmente es un tema por si solo. Podría escribir una historia sólo con esa experiencia.

El tema del condón también es un gran tema, pero siempre insisto en que por sobre la calentura tiene que triunfar la motricidad para ponerse el gorrito de plástico.

No puedo ver tu perfil, Jorge. tienes blog?

Saludos!

Jorge dijo...

No,no tengo blog...
y sobre el condon... No es que alla
tenido sexo sin el...
Me falto uno...
es como la pana del weon
jajajaja