La Chica Gringa


, estuve con una Chica Gringa.

(Sé que las excusas no valen para los lectores, pero estas dos últimas semanas he estado atochado de trabajos y trámites de práctica. Ahora retomaré mis narraciones. Mis disculpas a ustedes).

Debo decirles que fue una experiencia entretenida, pero al final algo aburrida. Era muy guapa y más alta que yo, pero era algo monótona. Era de esas típicas gringas que uno ve en Bellavista o en Plaza Italia, que caminan con sobreros gigantes, diccionarios minúsculos con miles de páginas, lentes de sol a lo Paris Hilton y mapas gigantes de Santiago. Precisamente así fue como la conocí.

Estaba en Bellavista con unos amigos de la vida, a punto de sentarnos en una mesa. Un grupo de extranjeros aparentemente estaban conociendo el lugar y no sabían a donde ir. Me acerqué (obviamente) a la más guapa y le pregunté si necesitaba algo. En un español agringado me dijo que con sus amigos estaban conociendo el barrio. Miré el grupo: eran cinco mujeres y tres hombres. Las mujeres decidirían finalmente. Les dije que se sentaran con nosotros, que el lugar era tranquilo y que los tragos eran buenos. Se miraron. Ella propuso la idea. Se sentaron. , soy un embaucador.

Comenzamos a charlar animadamente. Eran como las once y media de la noche. Muy temprano. Pedimos unas cervezas y nos empezamos a conocer. Obviamente me aseguré con el asiento al lado de la fémina con la que deseaba tener sexo más tarde. Todo el grupo se encontraba hablando de clásicas conversaciones con extranjeros: ¿de dónde vienes? ¿hasta cuándo te quedas? ¿dónde vives ahora? ¿estudias, trabajas?. Preguntas superfluas y de cortesía, pero necesarias para romper el hielo.

Ella era de New Jersey, rubia, practicaba básquetbol y también era cheerleader cuando era más pequeña.  Si no entendió, cheerleader significa porrista. Le gustaba el pavo, amaba la Coca-Cola Light, su diseñador favorito era Tom Ford, y odiaba los realityes de Estados Unidos. Aún lo recuerdo. Teníamos el tema del básquetbol en común. Le conté que cuando era más pequeño veía siempre los partidos de la NBA por el cable. Que me gustaban los Angeles Lakers. Que Denis Rodman era un gran rebotero cuando jugaba en los Chicago Bulls. Cosas así.

El litro y medio de cerveza que tenía en mi cuerpo comenzó a hacer efecto. Yo y la gringa estábamos hablando muy cerca. Nadie nos estaba prestando atención. La besé. Todos los de la mesa charlaban animadamente, y estaban algo ebrios. Mi beso fue bien recibido. Se oían unos artesanos tocando música andina muy cerca de nosotros. Los ojos cerrados y las lenguas se rozaban. Nos miramos. Nos reímos. Seguimos charlando con el grupo.

Ya eran las dos de la mañana. Todos contentos. Ese era el momento en el cual debía decirle mis reales intenciones. Lo hice. Me miró, y como que no entendió muy bien. Quizás porque mi modulación no era de las mejores, aunque no lo creo. Le repetí, y sí entendió.     

Nos levantamos de la mesa, y dijimos que iríamos a comprar cigarrillos. A causa de la ebriedad, todos nos creyeron. TODOS. Tomamos un taxi y fuimos a mi casa. Le recité las 6 reglas de la película "El Club de la Pelea" en mi imperfecto inglés, y me abalancé sobre su largo cuerpo.

Mordía el lóbulo de su oreja izquierda. Jugaba con mi aliento. La besaba. La tenía aprisionada con mis piernas, aunque ella era más alta que yo. Medía como unos 185 centímetros, si no más. Sin embargo, su contextura corporal era delgada. Le corrí la sombra de los ojos. También le moví el lápiz labial. Ella me giró y me dejó boca arriba. Me besaba profusamente, y yo a veces no podía respirar. Era gracioso y muy sensual. Besaba mis axilas, y yo me dejaba acariciar. Pasaba su lengua por mis caderas. Tocaba mi pecho con suavidad. Yo acariciaba su espalda con mis pies. Comenzó una frenética felación. No fue muy buena la verdad. A veces me tocaban sus dientes, y eso no me gustaba nada. NADA. Igualmente lo entendía, porque ambos no estábamos óptimos en cuanto a los litros de cerveza ingeridos. Sonó su celular en plena felación. Lo tomó, y lo apagó. Me dijo: "My friends", y siguió con su trabajo. Me dio mucha risa.

Luego levanté mi torso, la pegué a mi cuerpo, y comencé a rozar sus labios inferiores con mi dador de orgasmos. Comenzó a excitarse. No fue fácil lamer sus pies que estaban sobre mis hombros. Tenía las piernas muy largas. MUY largas. Estiré mi brazo para abrir el velador y sacar un condón. Me lo coloqué con algo de dificultad, pero correctamente. Comenzó la fiesta. Estaba sudando como un caballo. Estaba agotado. La giré, y la coloqué de espaldas hacia mi. Hice mi último esfuerzo, mientras estimulaba su rosada felicidad en plenitud. Ya no me quedaba ni una gota más de sudor. Orgasmos.

Lugar de la eyección: En el Durex que llevaba puesto.

Casi me desmayé. Caí rendido al lado de ella. No quise ni siquiera acariciarla. Fue demasiada voluntad y esfuerzo físico el que había hecho. De hecho el sexo fue relativamente corto. Más o menos unos 35 minutos. No daba para más. Me dormí instantáneamente. Desperté al día siguiente con una resaca del demonio. Ella ya estaba despierta, mirando unas fotos que tengo pegadas en el muro. No quería cocinar, ni ir a dejarla inmediatamente al metro. Nos besamos un rato, charlamos superficialidades, y le dije si le parecía que fuéramos a almorzar comida peruana. Le encantó la idea. Nos duchamos, le presté una polera mía, nos vestimos y fuimos a comer. Lo pasé bastante bien en la plática del almuerzo. Disfruté la comida. Luego la fui a dejar al metro, con la promesa de vernos. Tenía mi polera. La vi un par de veces más luego de ese encuentro fugaz. Era linda la gringa. Quizás de las más lindas con las que he estado, pero siento que algo le faltó. Igualmente disfruté mi orgasmo. Y aparentemente ella también.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica Gringa se interpuso en su camino:

1- Bébase unos tragos con ella, pero recuerde no emborracharla en exceso. Será perjudicial para ambos.
2- Hable en buen chileno, sea divertido y relajado. No le hable de Bush, Guantánamo o política internacional si lo que busca es sólo tener sexo con ella.
3- No hable sólo con ella, pero sí la mayor parte del tiempo. Así evitará los silencios incómodos.
4- Bese delicadamente la zona púbica de ella. Hágala esperar. Será recompensado. No empiece el mete y saca de inmediato. No sea un gorila idiota.
5- No le tenga miedo a una mujer que es más alta que usted. Ya, usted dirá que no es miedo ... bueno, digamos VERGUENZA. Recuerde que más importante que su estatura es el tamaño de su pene. Si también tiene problemas con eso, más importante es cómo usted usa su lengua.
6- Tenga personalidad. No porque sea norteamericana es superior a usted. Sea varonil en el sexo, maneje usted la situación, pero dé libertades para cambiar los roles. Luego, comente los resultados en este blog.

Si quiere más recomendaciones, o tiene otros consejos para este perfil de chica, no dude en postearlos.

4 comentarios:

whitetulips.kath dijo...

jaja.. well done, David!
"No sea un gorila idiota".. nada que decir.. todo un toro el hombre.. xD

yazmin dijo...

qué sueño erótico ese de comerse a un gringo... como al wn que te arregla el cable, el wn del gas, el auxiliar del bus, el "azafato" del tren, el colectivero y el recien conocido...ahahaha

Rocío G

Rapunzell dijo...

en serio te pasan todas estas cosas! jaja. Esto es como un "sex anda the city" masculino.
Oie Samantho por qué Raros?
Gracias por pasar por mi blog!
Bye

Almoz Cuchibras (Diego Weissel Rovira) dijo...

A mi tambien me pasó: pero con una alemana...era preciosa, los rasgos como dibujados por el mismo hans holbein. de la alemania oriental como el exilio de mi madre. tenia partes intimas del cuerpo algo negroides, como de una raza nordica emparentada con razas nomades del sur...tal vez algo húngara..nunca le pregunte...no llegue tan a fondo...bueno, jeje