La Chica LAN


, estuve con una Chica LAN.

(Queridos seguidores. No quiero aburrirlos con mensajes baratos, pero debo decirles que tomaré un receso en cuanto a mi blog. He tenido muy poco tiempo y no he podido actualizar. Llevo más de un mes si entrar a él. Apenas pueda volver a preocuparme del blog, se los informaré de inmediato. Esto, es para ser sincero con ustedes. No me estoy despidiendo, sólo estoy tomándome un tiempo. Gracias a todos, y sigan recomendando el blog. Ahora, les dejo una historia en extenso. Una de las más raras que he tenido. Espero la disfruten).

Debo decirles que fue una experiencia inesperada e inverosímil. La chica en cuestión tenía 28 años. Nunca en la vida pensé que me follaría a alguien en el edificio de LAN, la empresa de aviones. Fue un día raro, muchas cosas pasaron.

Fue el año pasado. Era la ELECTROFONDA de la USACH. Un magno evento que se realizaría al interior de la Universidad de Santiago. Fui con un grupo de amigos a beber algo de alcohol, reírnos, recordar viejos tiempos, y llorar las penas. Habíamos ido a una botillería llamada "El Cielo", donde venden alcohol al costo. Maravilloso. Llegamos, nos instalamos, abrimos las botellas, brindamos, nos reímos, fumamos, nos reímos, escuchamos la música, encontramos unos papelillos en el suelo, nos reímos, abrimos botellas, brindamos nuevamente, bebimos, charlamos, nos reímos, fumamos, bebimos, y se acabó la fiesta. Estuvo muy buena.

Una amiga, ese mismo día me había invitado a su cumpleaños en un after-hour de la comuna de Recoleta. Le pregunté a dos amigos si me querían acompañar. Accedieron. Volvimos a nuestras casas, luego nos juntamos, y fuimos rumbo al cumpleaños.

Era una calle desolada, muy oscura y sin ningún indicio de vida o sonido que indicara festejo. Miré bien el número en el papel en que lo había anotado, y encontré una puerta, donde había un hombre fumando. Le pregunté si ahí era el cumpleaños. Me dijo que sí, que dentro había un hombre con una lista que confirmaría nuestros nombres. Pasamos. Apenas se abrió la puerta, sonó música electrónica. Fui al mesón y vi a un amigo mío. Lo saludé y le pregunté qué hacía ahí. Me dijo que ese after-hour era suyo. Era el dueño. Me reí y charlamos unos minutos. Me dijo que mi amiga estaba en el otro ambiente. Fui a verla.

Luces azules, rojas, verdes, violetas, amarillas y otros colores que no recuerdo, decoraban el lugar. Música electrónica con mucha gente bailando. Yo buscaba con la mirada a mi amiga. Uno de mis amigos me ofreció un cigarrillo. Lo acepté. Lo encendí, y se me acercó una chica: cabello negro tomado con un cintillo, ojos verdes esmeralda profundos, un metro sesenta de estatura más o menos, sonrisa deseable. Me pidió fuego. Mi amigo se lo prestó. Encendió su cigarrillo. Me preguntó que a quién conocía de los dos cumpleañeros. Le dije que a la chica. Me dijo que la había visto cerca de la barra saludando a algunos invitados. Me excusé y fui a mirar. La encontré. La abracé y le desee un feliz cumpleaños, que cumpliera muchos años más, que cómo iba la universidad, el trabajo, el amor, la vida. Luego la dejé para que la saludaran otras personas.

Volví donde mis amigos y estaban solos. La chica que había pedido fuego estaba bailando con alguien. Les comenté de que era muy guapa. Ellos asintieron. Fuimos a beber una cerveza en el otro ambiente. Charlamos y nos reímos. Les dije que me esperaran un poco, que iría a ver a mi amiga un rato. Fui. La busqué con la mirada y no la encontré. De repente se me acerca la chica del fuego, bailando y mirándome por sobre el hombro. Le sonrío. Se aleja de mí, lentamente, como invitándome a bailar con ella. La seguí.

Comenzamos a bailar electrónica. Trance, específicamente. Comenzamos a hablar mientras seguíamos la música, esquivando el contacto visual directo. Me preguntó que si yo tenía problema con las mujeres mayores. Le dije que no, absolutamente no. Nos decíamos indirectas en todo momento, que insinuaban un deseo sexual casi palpable. Ya eran las cuatro de la mañana. Le dije que mis amigos me estaban esperando para irnos. Ella me dijo que me acompañaría donde yo fuera, y que ella no se separaría de mi hasta que terminara lo que había comenzado. En otras palabras, ella quería mi falo dentro de su sonrisa rosada. Exquisito.

Fui a buscar a mis amigos. Cuando me vieron, se les cayó la cara. No pensaron que yo volvería con ella. Me guiñaron el ojo, me sonrieron, me levantaron el pulgar en señal de éxito. La fémina con la cual me encamaría, o al menos eso pensaba yo, andaba en automóvil. Maravilloso. Nos subimos y nos dirigimos a mi casa.

Una vez estando dentro del auto, algo ocurrió. Como que yo y mis amigos nos despreocupamos del lugar al que íbamos. La chica me pidió la dirección, se la dije, y me desentendí. Ella encendió la radio, colocó un CD de Lucybell, y partió. De pronto, me di cuenta que estábamos en la carretera, siendo que mi casa estaba como a quince minutos del cumpleaños de mi amiga. Le pregunté dónde estábamos. Me dijo que en ciudad industrial, o algo así. Le pregunté por qué estábamos allí. Ella me dijo que sólo manejaba y esperaba órdenes. Le dije que estábamos MUY lejos de mi casa. De repente ella mira su medidor de bencina. Estaba casi vacío y en rojo. Me dijo que paráramos, que quería ir al baño. De pronto, veo que estamos llegando al edificio de LAN CHILE.  

Estábamos MUY lejos de todo, casi sin bencina. Mis amigos sin entender nada. Nos bajamos. Ella actuaba con una naturalidad que espantaba. Como si hiciera eso todas las semanas. Atónitos. Yo no entendía ABSOLUTAMENTE NADA de lo que pasaba. Ella se acercó a un guardia que había en la entrada. Antes de que alcanzara a preguntarle cualquier cosa, él le preguntó: ¿Viene a los cursos? Ella sonrió, y le dijo "sí, venimos a los cursos". El guardia le sonrió y le dijo "por favor, adelante señorita". Ella me miró, pidiéndome que la acompañara. Mis amigos me dijeron que esperarían afuera. La acompañé. Eran las siete y media de la mañana del día domingo. No sabía qué hacía en ese lugar a esa hora.

Entramos. Caminamos por el edificio. Era bello. Al frente de los ascensores habían pinturas originales de Guayasamín. Las luces tenues del edificio hacían ver todo más lindo. Colores cálidos y dorados decoraban los salones. Algunos pasillos de madera, si la memoria no me folla, perdón, falla. Entramos a los cubículos de los oficinistas de LAN. Todos con fotos de sus hijos, recortes, pegatinas. Ella se sentó en uno de los computadores que estaba encendido y comenzó a navegar en internet. Revisó su e-mail y se desconectó.

Seguimos caminado, y pasamos por el lado de un señor de edad, que estaba pasando una aspiradora. Él, ni nos miró. Me pregunté por qué alguien tiene que estar en un edificio que está casi siempre muy limpio, un día domingo a las siete de la mañana. Aún no encontrábamos el baño. Subimos como al cuarto piso, y llegamos. Le dije que no quería pasar al baño, que la esperaba afuera. A esas alturas, mi calentura se había marchado hace varias horas. Quería volver a mi casa y no sabía muy bien dónde estaba.

Saqué un vaso de un dispensador de agua, y lo llené. Bebí hasta la mitad. Escuché la cadena del WC. Salió. Apenas me miró, me dijo que ella tenía una prima que trabajaba en LAN, y que antes había venido un par de veces al edificio, por eso lo conocía un poco. Ahí se aclararon algunas de mis dudas, pero muy pocas. Me dijo que en el piso de más arriba estaba la oficina del jefe. Subimos.

Era una oficina gigante, con un ventanal que apuntaba a un campo de aterrizaje de aviones. Era precioso. Detrás del asiento del jefe, había un telar mapuche gigante con muchos colores. Ella trató de tomar una foto con su teléfono celular. No le quedaba batería. Por lo tanto, apoyó sus codos en el mesón, y comenzó a observarlo detenidamente. Mientras lo miraba, me decía que desde muy niña era capaz de retener en su cerebro el noventa por ciento de lo que veía. Su memoria visual era estúpidamente buena. Luego de mirarlo, y de yo mirar por el ventanal la cordillera y cómo los rayos del sol caían delicadamente en la nieve de sus cimas, se acercó, me tomó la mano, y me besó. Cerramos los ojos. Era una bella situación, y muy romántica por lo demás. Comenzaron a calentarse nuestros cuerpos.

Nos fuimos acercando al mesón de la oficina. Le bajé el pantalón y la senté. Le tocaba los pechos mientras la besaba. Ella desabrochaba mi pantalón. Bajó el cierre, y comenzó a acariciar mi falo. Metí la mano bajo sus generosos pechos, y sentí la erección de estos. La piel de gallina le recorría el cuerpo. Comenzó a besarme el cuello con fuerza, con respiraciones agitadas. Amaba ese momento. Me bajé el pantalón. Bajé mi boxer rojo, y coloqué mi dador de orgasmos donde debía ir. Comencé a sudar como un animal desbocado. Le mordía sutilmente el lóbulo de la oreja izquierda mientras la penetraba. Comenzó a gemir fuertemente. La besé para que el ruido fuera menor. Lo bueno era que los vidrios y la puerta eran gruesos, por tanto aislaban el sonido. Comencé a friccionarla rápidamente. Ya no aguantábamos. Estaba dándole en el lugar indicado. Orgasmo.

Lugar de la eyección: No hubo eyección.

Dejó caer su cabeza sobre mi hombro. Yo recuperaba el aliento. De pronto recordé donde estaba. Estaba en el edificio de LAN CHILE, a las ocho de la mañana de un día domingo, follando en el mesón del jefe. Extraño, inverosímil, absurdo. De pronto comencé a mirar las esquinas del techo. Podía haber cámaras, y yo ni siquiera lo había pensado. Me entró el temor. Le dije que nos fuéramos. Ella me ignoraba. Todavía estaba digiriendo el orgasmo. Le dije que mis amigos me estaban esperando. Accedió. Se subió los pantalones, se arregló el cabello y nos fuimos. Antes, pasó a una máquina a comprarse un alfajor de frambuesa. Me dijo que necesitaba energía y glucosa para estar despierta, ya que tenía que manejar. Le encontré toda la razón. Salimos. Mis amigos, aburridos y casi muriendo, me sonrieron. Nos subimos al auto. Ella, muy concentrada, comenzó el trayecto.

Comenzó a salir olor a bencina del auto. Nos encontrábamos dentro de un túnel. No me importó que el auto pudiera detenerse ahí. Ella me comenzó a hablar de que tenía un sobrino que tenía siete años, y que no hallaba la forma de contarle de que Harry Potter en el último de sus libros moría. Yo algo le respondí, pero ya no recuerdo. Llegamos al Parque Arauco. Le dije que me dejara allí. Que podía tomar una micro y volver a casa con mis amigos. Que no se preocupara. Nos besamos y nos despedimos. Nos subimos a una micro, y partimos el regreso. Mis amigos me pidieron que PORFAVOR les contara qué había pasado al interior de LAN CHILE. Les fui contando en el trayecto. Luego me agradecieron la rara experiencia. Mi rara y orgásmica experiencia.

Seis humildes recomendaciones si es que una Chica LAN se interpuso en su camino:

1- No tema a una mujer que es mayor que usted. Tenga cojones suficientes para abordarla. No es mejor que usted. No sea una niña.
2- Protéjase sexualmente con una mujer mayor (en realidad con cualquiera). Sé que es difícil, pero al menos inténtelo y sepa dónde se está metiendo.
3- Converse con ella lo suficiente como para tomar una buena decisión. Recurrir al estúpido y adolescente argumento de "estaba demasiado borracho" es sólo eso, "estúpido" y "adolescente".
4- No crea que sólo una cama es el lugar indicado para tener sexo. Experimente otros lugares, pero no se arriesgue con lugares que tengan cuatro patas o que estén en el aire, a menos que esté ABSOLUTAMENTE seguro de que no se caerá.
5- Lóbulos, cuello, nuca y sien son buenos lugares para estimular rápidamente a su fémina con los labios. Eso sí, no la babosee completa. Sea sutil, delicado, pero varonil.
6- LAN CHILE es un buen lugar para tener sexo. Se lo recomiendo si es que algún día anda por esos lados.

Si quiere más recomendaciones, o tiene otros consejos para este perfil de chica, no dude en postearlos.

4 comentarios:

whitetulips.kath dijo...

notable historia!! qué pena que te ausentarás!! u.u
si ya queda tan poco de u!!
.. hay una pieza que no encaja en mi puzzle.. a qué se refiere el guardia con "¿viene a los cursos?".. cursos de qué wn.. de cómo ser follada??.. ajaja.. oh.. en una de esas ella era una actriz porno chilena y fuiste grabado por las cámaras falísticas.. ajaja..
uno nunca sabe.. quizás era toda una trampa del "the Clinic" para burlarse de Piñera.. :))

David! dijo...

Jajajajajajajaja!!!

Eso fué lo chistoso, de que el guardia le preguntó ¿viene a los cursos?, y ninguno de nosotros sabía qué chucha eran los cursos. Sólo atinó a decir que sí. Imagínate la imagen en una película, es igual de absurdo. XDDD

Saludos!

Tecnicos dijo...

Me la contaste un dia...
tomando unas chelas... Fue una rara pero excelente historia...saludos perro...

Psicópata dijo...

Un "descanso" de 9 años, quien diría que no ibas a volver...